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Cartas a su alumno de la escuela de Piedrahíta (Ávila)
MARIANO DE SANTIAGO CIVIDANES
10 de
Diciembre de 1905.
Querido Mariano: Otra tremenda catástrofe ha caído
sobre mí.
Ya no tengo padre. Se me murió el 26 del pasado casi
repentinamente, cuando más lleno de vida parecía.
Reza por mi padrecito (q. e. p. d.); era bueno y te quería.
Me llegó la horrible noticia de repente, como una
horrible puñalada, porque no había tiempo que perder si le quería ver muerto.
El pobre Baldomero estaba en Toledo, a la boda de un
hermano de Ángela.
Dios es bueno. Nos dio el grandísimo consuelo de que
pudiéramos llegar a tiempo de abrazar aquellos restos queridos y venerados. Los
cuatro hijos de aquel buen padre lloramos juntos sobre sus despojos, los bañamos
con ríos de lágrimas, para que fueran a la sepultura empapados en llanto de
hijos amantes.
Una congestión cerebral nos lo mató. Estaba en la huerta,
en aquella huerta suya que ha recogido tanto sudor de su frente.
Luis fue allá, alarmado por su tardanza. ¡Pobre
Luis! ¡Cómo no habrá muerto él!
Acabo de regresar de aquel pueblo en que nací; el
adiós de este viaje ha sido tremendo. Se me quedaba allí el alma hecha
pedazos.
Ya está en tierra bendita, en la capilla, junto a mi
madrecita (q. e. p. d.), junto a mi santa. Ya dejé allí a mis dos venerados
patriarcas, que fundaron aquella casa de cristiandad y de amor. Dios me los
tenga premiados. Hágase la voluntad del Señor.
Ahí tienes lo que es la vida. Ahora, cuando yo estaba
recibiendo de América montones de eso que llamamos honores y laureles, vino la
muerte a decirme que todo es falso, que sólo hay una verdad.
¡Bendito sea el Señor, que tales avisos santos se
digna dar a este pobre pecador!
Reza otra vez por mi padre, por mi madre, por mi
hermana. Dios te lo pagará y te lo agradecerá tu buen amigo que te abraza,
JOSÉ MARÍA.
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Querido Mariano: Mi hermana Enriqueta(12) ha muerto. Puedes
suponer con cuánta pena te escribiré estas líneas. Estuvo enferma pocas
horas; la carta en que me dabas la triste noticia se retrasó un día en el
correo, y cuando llegué a Castilla ya no tuve el consuelo de ver a la hermana
querida. Dios la haya recibido en su seno.
Mi pobre tía Antonia, única hermana que ya tenía
mi madre estaba enferma por entonces (25 de Octubre), se puso grave y también
falleció a los pocos días: el 14 del actual.
Aquella pobre madre mía ya puedes tú figurarte cómo
habrá estado, cómo está, cómo estará.
Aquel pobre marido de mi muerta ¡cuánto sufre y qué
desgraciado es!
Aquellos cinco hijos sin madre...
Todo lo que Dios dispone está siempre bien
dispuesto. Yo acepto resignado lo que ha venido sobre nosotros y pido a Dios que
me dé fuerzas para sufrir lo que venga después de esto. Y hágase su voluntad.
Hace tres o cuatro días estuve en Plasencia, donde
dormí. Fui con un criado a hacer unas compras, y no tuve ni tiempo ni gusto
para nada. Te haré visitas cuando no sean tan tristes como ahora hubiese sido.
Ruega a Dios por las almas de mi hermana y de mi tía,
y Él te lo pagará.
Y sabes que, como siempre, te quiere tu verdadero amigo
JOSÉ MARÍA
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Comenta el propio destinatario:
Estaba yo una mañana haciendo la lista de los
alumnos de la escuela, cosa tenida por deferencia, cuando se acerca a mí acompañado
de un charro vestido con traje de fiesta, calzón de terciopelo, camisa labrada
y su chaquetilla cubierta de ricos botones, el nuevo maestro, delgadito, con
frase expresiva e inteligente, algo descolorido, como señorito, que pasa largas
horas ante los libros, y me pregunta cómo me llamo.
Al decirle mi nombre le signifiqué que por ser quien
mejor escribía estaba haciendo la lista, con la vanidad del chico halagada. Se
marcharon ambos y continué copiando nombres con la grata impresión de simpatía
y la curiosidad de conocer a quien traía fama de buen maestro.
Después, al emplear nuevos métodos de enseñanza
que suponía trabajo para el que se sabía de memoria los textos antiguos,
encontró en mí un enemigo.
Comenzó a castigar mi vanidad privándome del primer
puesto en lectura y gramática, y así pasó medio año entre castigos y regaños,
sin que lograra vencer mi animosidad contra sus procedimientos. Me llama un día
diciéndome por qué soy tan rebelde, que él me estimaba y que procurara
enmendarme; aquella enemistad se convierte en un gran cariño, hace de mí lo
que quiere, me lleva con él de paseo, me inicia en sus aficiones poéticas y es
para mí el mayor placer recibir sus cartas cuando se marcha a vacaciones. Por
instinto de chico conservo aquellas cartas, que eran mi alegría, y desde
algunos años antes de su consagración como poeta, presiento el mérito que en
ellas se encierra.
Era para Gabriel y Galán un sacerdocio su cargo;
nacido de padres labradores, donde las arraigadas creencias son tradicionales,
en esta región quería educar el corazón de sus discípulos tanto como la
inteligencia; aquellos ojos enamorados del campo que se embriagaban en la
belleza de los amplios horizontes, solían también mirar al mundo interior,
donde también veían lo bello y lo bueno. En los versos que a mí me dedicó
hay una estrofa que dice:
Si vacila tu fe, Dios no lo quiera
y vacila por débil o por poca
pídele a Dios que te la dé de roca
y acuérdate de mí.
Que yo soy pecador porque soy débil;
pero hizo Dios tan grande la fe mía
que si a ti te faltara yo podría
darte mucha fe a ti.
Tal era su afán de sacar buenos ciudadanos, que salía
de paseo con nosotros, nos hablaba al alma de todo lo grande y hermoso a la vez
que nos iniciaba en las ciencias. Aquellos tiempos medioevales de los caballeros
que luchaban por la fe y los trovadores que cantaban endechas ante la dama que
habitaba el castillo, eran para él los tiempos mejores, tiempos en que se
luchaba de frente, sin la hipocresía de que era tan enemigo.
Entre bromas y veras estudiaba las distintas
aficiones y psicología de cada chico, y nos hacía versos para hacer resaltar
los defectos, entre ellos uno para que me enmendara de mi locuacidad decía así:
Charlatán incorregible
sempiterno e infinito
que su vicio más temible
es no cerrar su piquito
es el lorito.
Como los versos eran la afición mayor nos enseñaba
también a conocer el arte métrico, y un día para ponernos ejemplo de un
ovillejo nos hizo el siguiente:
¿Quién es el más pillín?
Serafín.
¿Quién tiene mejores dientes?
Fuentes.
¿Quién se va primero al grano?
Mariano.
Bien equivocado está
el que los crea inocentes
porque son tres puntos buenos
Serafín, Mariano y Fuentes.
Con estos ejercicios infantiles nos hacía participar
de sus poéticas aficiones, ya escribiendo cantares para la escuela, ya en los
álbumes, o ya en los retratos.
En la fotografía de un grupo que él presidía puso
éste:
Cuando de Dios el mandato
nos obligue a separarnos
conservad este retrato
como un estímulo grato
para poder recordarnos.
Yo que os estimo y os quiero
con cariño verdadero
jamás os tendré en olvido.
Y guardaré siempre entero
vuestro recuerdo querido.
Hacedlo también así
y cuando de mí estéis lejos
sed buenos como hasta aquí
y no olvidéis mis consejos
aunque os olvidéis de mí.
La mayor parte, ni a él ni a sus consejos hemos
olvidado, y tenemos por gloria que nos educara un hombre en el que se puede
decir encarnaron las dotes que D. Francisco Giner quería para el maestro. «Que
tenga una educación fundamental capaz de despertar en su alma un sentido
profundo, enérgicamente varonil, moral, delicado, piadoso; un amor a todas las
grandes cosas, a la religión, a la naturaleza, al bien, al arte; una conciencia
transparente de su fin, nutrida por una vocación arraigada; gustos nobles,
dignidad de maneras, hábito del mundo, sencillez, sobriedad, tacto y ese espíritu
educador, en fin, que remueve como la fe los montes, y que lleva en su seno,
quizá cual ningún otro, el porvenir del individuo y de la patria».
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Piedrahita 16 de Noviembre de 1895.
Mi querido Mariano: Según tengo oído vas a venir a
pasar las vacaciones de Navidad. Yo celebraré que así sea y tú me dirás qué
hay de verdad en el asunto, porque si lo es, tendría el placer de abrazarte
antes de marcharme yo a mi pueblo.
El Arcipreste ha muerto. No sé si ya lo sabrás. Una
pulmonía, complicada con un ataque de asma, le ha quitado la vida en pocos días.
Murió el martes, a las siete y media de la mañana, después de una larguísima
y cruel agonía que puso a prueba su gran resignación.
Yo pasé a su cabecera la noche última de su vida y
le vi morir como un santo, rezando toda la noche, dándonos cariñosísimos
consejos, despidiéndose de la vida sin pena, sin protestar, sin perder ni un
minuto la calma de una resignación sincera, cristiana, valiente, santa y
hermosa.
Y cuidado, que su agonía fue de esas que ponen a
prueba el temple de cualquiera buen cristiano que sepa sufrir de veras. Al día
siguiente, a las nueve de la mañana, le enterraron, asistiendo a la triste
ceremonia 14 o 15 sacerdotes y muchísima gente más. ¡Dios le haya concedido
lo que con tanta fe le pedía!
Pasado mañana, domingo, es el día designado por tus
abuelos para poner el yerro a los chotos. Yo les acompañaré, ya que así lo
desean, y me acordaré mucho de ti con tal motivo(17). Tenéis doce chotos que
herrar y cuatro que señalar. Supongo, aunque aun no lo sé, que los invitados
serán los de costumbre.
Por aquí no ocurre nada de particular, a no ser el
triste acontecimiento de que ya te doy noticia.
Da recuerdos a José y a Julio y recibe un abrazo de
tu amigo,
JOSÉ MARÍA
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Piedrahita 4 de Noviembre de 1895.
Inolvidable Mariano: o tienes muy poco que contarnos,
o no tienes tiempo para contarlo. Si es lo primero, no me sorprende tu
laconismo; si es lo segundo, lo respeto y estoy conforme con él. Primero es la
obligación que la devoción, pero bueno es no olvidar que hay devociones tan
buenas... que casi obligan.
Quieren en tu casa, y con razón, que seas más
cuidadoso para enviarles tus ropas con mayor puntualidad y orden que has
observado hasta aquí. Y yo te recomiendo ambas cosas por mi parte para tu mejor
conveniencia y para tranquilidad de tu buena abuela, que sólo tu bien procura.
De tu casa vengo en este momento y todos te recuerdan
y están buenos. El abuelo va dejando de llorar tu ausencia, que bastante
lloriqueada la lleva, y mucho más cuando mi presencia despierta y aviva en él
tu recuerdo. La buena abuelita, muy contenta de saber que tienes colores de
salud y deseos de estudiar. Tus tías y tíos, hablando siempre de ti, y yo
empezando a enseñar a Inés(*) los deberes de una señora de gobierno para...
cuando llegue el caso.
Pasé el día de Difuntos menos mal en medio de mi
soledad. Comió Pepe a mi mesa y con él y Ricardo pasé la tarde en el jardín,
viéndoles asar castañas y consolando luego a Pepito, que empezó a llorar por
su papá, cuando las campanas le recordaron su muerte.
Cené en casa de Samuel y allí pasé la velada, no
muy alegre por cierto, porque ellos tenían recuerdos tristes, que en tal noche
se avivaron naturalmente, porque aún está muy reciente la muerte del pobre
Nicomedes. Para él trajeron de Madrid una preciosa y rica corona, que entre
otras cintas, llevaba una mía con la siguiente inscripción:
¿Para qué ir a visitarte
en la mansión de la muerte,
si en ella no puedo hablarte,
ni puedo siquiera verte?
Tú en la santa paz del cielo
y yo del mundo en la guerra
no tendremos ya el consuelo
de vernos más en la tierra.
Más si una santa constancia
para esperar nos da Dios,
¿Qué importa esa gran distancia
que hoy nos separa a los dos?
______
A estudiar y a adelantar lo atrasado para marchar por
lo menos, al lado de lo mejor de la cátedra, ya que no al frente. Y adiós. Ya
sabes que te quiero mucho y que no te olvido nada,
JOSÉ MARÍA
_____________
(*) Mi
hermana.
____________________________________________________________________________________________
25 de Abril de 1897.
Querido Mariano: Según veo en tu carta a Fernando(*)
estás alarmado por mi silencio y por mi salud. Desaparezca esa alarma, porque
gracias a Dios, estoy ya casi bueno del todo.
Tuve un catarro fuerte con anginas y localizaciones
reumáticas. Sin curarme de él se inició el catarro gástrico y éste es el
que me ha tenido en cama más de quince días. Un hombre de mi país que pasó
por aquí se lo dijo a mi familia y acá se vinieron en seguida los dos papás.
Mi padre marchó anteayer y mi madre se ha quedado
aquí con el doble objeto de acompañarme en mi convalecencia y de dirigir a
unas costureras que me harán ropas blancas para la boda, hijo mío, porque la
época en que ha de celebrarse, si Dios quiere, se acerca a pasos de gigante.
Suspendo la escritura porque aún tengo la cabeza
delicada(**) y no me conviene escribir mucho.
Dios te pague el interés que te tomas por la salud
de tu buen amigo,
JOSÉ MARÍA
_________________________________
(*) Don
Fernando Jaramillo, muy amigo del poeta.
(**) El
trabajo pesado de la escuela, lecciones particulares y la continua lectura, a la
que se entregaba hasta altas horas de la noche, le hacían padecer frecuentes
neuralgias.
____________________________________________________________________________________________
Guijo de Granadilla 10 de Noviembre de 1901.
Querido Mariano: No falta de deseo, sino propósito
de no obligarte a leer ni a escribir mientras has estado enfermo, me ha hecho
guardar silencio contigo.
Sé que estás ya tan mejorado y que vuelves a pensar
en tus interrumpidos estudios; pero no sé hasta qué punto puede eso convenirte
todavía.
Tú me darás detalles de tu estado y de tus
proyectos.
Tanto tenía que decirte si fuera a recordar todo lo
sucedido desde que no nos escribimos, que renuncio a ello por imposible y
reanudaremos nuestra interrumpida comunicación con cosas de ayer.
En Plasencia cuando fui a la Velada, que despertó
grandísima curiosidad, vi a tu amigo el Magistral en el colegio de San Calixto,
de que sabrás es director. Escobar no estaba en la ciudad y sólo pude hablar
con él unos minutos en la estación del ferrocarril, donde nos encontramos
casualmente.
El Chantre se ha hecho muy amigo mío. Me llevó a su
casa, me enseñó su hermoso archivo de documentos antiguos, me dio, para
leerla, una obra suya, me dedicó unos papeles también suyos y me acompañó al
tren con otros de la Cruz Roja.
De aquí, poco puedo decirte. Que sigo como siempre,
trabajando en mi oficio y escribiendo algo en mis ratos de vagar.
En Salamanca me obsequiaron mucho, como puedes figurarte,
pues les envanece el hecho de que un paisano se llevara la disputada flor
natural.
Para empezar ya basta.
Que estés bueno es lo que desea tu antiguo amigo
JOSÉ MARÍA
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10 de Junio de 1897.
Querido Mariano: Recibí tu carta que leí a tu
familia.
Estudia y no te preocupe lo que piense de ti tu
profesor. Pensará lo que merezca tu conducta académica y moral y esa la
conocerás tú mejor que él. Sin embargo, por complacerte, te diré que el día
que vino a verme Julio, me dijo, contestando preguntas mías, que el profesor
estaba contento de ti, pero que también decía que aún más podías haber
estudiado. Tu aprobación sé que es segura; luego estudia y calla, y palante
vamos.
Por otro exceso de complacencia, volveré a preguntar
a Julio lo mismo y le haré que amplíe su contestación, si es que puede
ampliarse, que creo que no, pues debió decirme todo lo que sabía. No me ha
dado tan satisfactorias noticias de otros, pues de alguno me ha dicho que
sospecha verlo ahogado.
De mi boda te diré poco porque es largo de contar.
Está en tramitación el expediente, mejor dicho, ya creo que está despachado,
pero sospecho que está detenido en Granadilla hasta ver qué resuelvo de mi
traslado a Plasencia. Quieren que lo haga a todo trance y el caso es que el
provecho, si lo hay, es para mí; pero el caso es también que la permuta me
cuesta cuartos y yo no los tengo. Y así voy a decírselo a ella y a mis tíos
muy clarito para que de una vez se despeje la situación y resolvamos en
definitiva. Este es el estado de las cosas.
Ten paciencia si el curso se ha prolongado para
vosotros. Ya sé yo que, después de cierta época, cuando la mayor parte de los
escolares se han marchado quedan las aulas en una especie de dolorosa soledad
que apena el ánimo.
En las aulas sin estudiantes, como en las jaulas sin
pájaros, como en las eras sin espigas, como en la iglesia sin gente, parece que
anda por el espacio un airecillo de vaga tristeza que hace sufrir. Pero ¿y la
aprobación del curso? Por esta señora hay que pasar esas cosas y otras peores,
y palante vamos.
Todas las tardes voy a los ejercicios del Sagrado
Corazón que, durante este mes, se celebrarán y se están celebrando en el
convento.
Las monjas hanse negado a cantar y las sustituye un
coro de 18 o 20 niños de la escuela, que canta canciones al Sagrado Corazón.
Los toros de la Vega(*) pasaron y yo no fui a verlos.
Bajé a Misa (predicó D. Gabriel), me subí a comer, y luego, después de la
siesta, nos fuimos a caza de codornices.
Yo, enclenque, sin apetito. Veremos si lo adquiero
con los amargos que estoy tomando. Estudia sin exceso y ya sabes que desea verte
tu amigo y maestro
JOSÉ MARÍA
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(*) Santuario
cerca de Piedrahita donde se venera la Virgen de la Vega, en el valle de
Corneja.
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Piedrahita y Junio de 1897.
Querido Mariano: Me marcho el sábado, si Dios
quiere, a mi pueblo, porque, como sabes, estoy delicadillo y veo que aquí no me
curo, ni es posible que mejore estando en la escuela. En ella se queda un
maestro a quien en seguida nombrarán auxiliar. Yo no sé si volveré antes de
comenzar las ya cercanas vacaciones, pero creo que no.
No sé a estas horas, para poder decirlo con certeza,
si me caso o no para este verano. No es muy buena mi salud para eso ni parece
que todo se me arregla tan pronto como yo esperaba. Veremos venir los sucesos y
ya te escribiré cuando sea necesario.
Siento no esperarte y verte, pero tardas bastante
todavía y pudiera costarme caro lo que hoy, si descanso y me curo, creo que no
será nada.
Tan pronto como te examines espero saber lo que
resulte, y no volveré a escribirte, si no fuera necesario, hasta que sepa que
has aprobado el curso. Dios lo quiera así.
Estudia poco este verano, distráete mucho y come más,
porque para eso es el verano estudiantil, para tomar fuerzas(*) y volver a los
libros luego con nuevos bríos y sangre nueva.
Cualquier acontecimiento importante de mi vida, como
el de mi boda, por ejemplo, te será comunicado en seguida que yo vea próxima y
segura su realización.
Cuánto siento no verte; pero Dios nos dejará vernos
en Septiembre, y entonces charlaremos de todo un poco.
Te abraza tu maestro y buen amigo
JOSÉ MARÍA
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(*) Estuve en
esta época enfermo y por eso me aconsejaba de este modo.
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Piedrahita 17 de Mayo 1897.
Querido Mariano: Estoy malucho hace des o tres días,
pero no es cosa de cuidado. Recibí tu última y no tengo hoy ganas de escribir
mucho. Me limito a decirte que me compres una estampa pequeñita representando a
mi querido Santo. Es para felicitar a Pepe, a quien nada tengo que dar y de cuya
madre recibo atenciones todos los días.
Quisiera darle otra cosa mejor, porque le quiero,
como tú sabes, y me quiere, pero aquí no hay nada que llene mis deseos. Y como
de comprar algo bueno, quería hacerlo yo y no puedo hacerlo, te encargo la
estampita, que suplirá a otra cosa de más valor.
Ya ves que el tiempo urge y es preciso que me la envíes
a vuelta de correo si ha de llegar a tiempo. Ignoro el número de tu casa, y
temiendo que estas líneas no lleguen a tus manos, no te envío en sellos de
correo el importe de mi encargo. ¡Pues poco aficionados son los empleados de
correos a coleccionar sellos de ídem, de la propiedad ajena!
Te da un abrazo y te escribirá pronto
JOSÉ MARÍA
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Frades 12 de Julio de 1897.
Mi querido discípulo: Ya es hora de que te dedique
unas líneas, pero no porque hasta hoy lo haya hecho te he olvidado. Tiempo me
sobra, si todo lo empleara en escribir; pero el día que a ello me pongo, tengo
ya un pequeño paquete de cartas sin contestar y me canso algo, la verdad.
¿No querías versos(*)? Pues ahí van unos cuantos
que he hecho para ti, y enséñaselos también a Pepe, y vete alguna vez por su
casa y no seas huraño, porque así no te distraerás.
Yo salgo poco de casa todavía, porque hace unos días
que el sol echa chispas y quiero irle conociendo poco a poco. Como bien y, sobre
todo, leo poco, que es una de las mejores medicinas para recobrar la salud.
Mañana, si Dios quiere, se celebra en Salamanca la
vista de un ruidoso pleito de los pueblos de Béjar y Candelario, que se
disputan las aguas del río Cuerpo de Hombre. Mi hermano Baldomero defiende a Béjar
y no sé cómo le quedará porque ha tenido que estudiar el asunto, que es muy
complicado, en muy pocos días. Como que hasta el 30 del pasado no se vino de
Zamora (a donde fue a los toros), y todavía días después se encargó de la
defensa. De modo que le habrán quedado ocho o diez días de estudio del pleito,
que ni conocía siquiera, y de preparación para la defensa. Yo he tenido ya el
caballo a la puerta hoy para irme a tomar el tren esta tarde, dormir en
Salamanca y presentarme en la Audiencia para oírle, sin que él me viera. Pero
estoy todavía algo enclenque y lo he dejado para más adelante.
A Pepe le escribo también hoy cuatro líneas y unos
cuantos versos de caza, que supongo te enseñará.
Te da mi madre mil recuerdos y un abrazo tu maestro y amigo
JOSÉ MARÍA
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(*) Me mandó
unos que titulaba Soledad; en sus obras completas se titulan A SOLAS.
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Mi querido ex discípulo y amigo: Me placen las
noticias que me das, y especialísimamente la de tu alimentación. No esperaba
yo otra cosa de quien, como tú, deseaba con vivas ansias abrazar ese género de
vida.
Algo, sin embargo, sentirás por ahora la pérdida de
la libertad, si por libertad entiendes el callejeo insustancial que al cabo
también aburre y a nada bueno conduce.
La gente callejera y desocupada es la que suele
sentirse acometida de splen, ya lo sabes; pero nunca lo sentirán los que tienen
sabiamente distribuidas las horas entre el estudio, el recreo y la oración.
Me agrada lo que me dices respecto a tu profesor: óyelo
con atención en la cátedra y respétalo dentro y fuera de ella.
Aunque esos no fueran tus deberes, ya sabes que donde
estás tanto vale el buen comportamiento como la aplicación al estudio. Y ya
que hablo del estudio, te advertiré nuevamente que no nos vengas en Junio con
un meritus a secas. Tú bien sabes lo que te exijo y ahora estás a tiempo de
llenar esa exigencia, o mejor dicho, de poner de tu parte medios de satisfacerla
en un día.
Mi padre vino a buscar a mi madre, ambos se me marcharon y
aquí me quedé sin ellos, con mis penitas correspondientes por su ausencia, a
la cual no me han logrado acostumbrar los días que van pasados ni los años que
llevo cantando para mí sólo:
«A mi soledades voy,
de mis soledades vengo...»
El jilguero canta y no lamenta tu ausencia. Está menos
solo que yo, porque me tiene a mí que le mimo y le cuido por mi mano, acordándome
de ti, que, al fin y al cabo, has sido uno de los constantes hasta última
hora... ¡Y cuidado con envanecerte porque una vez te lo diga!
Santitos(*), por aquí anda con la chaquetilla de
chulo y camisa de lo mismo, chulo inconsciente por ahora, que todavía me
saluda; pero mañana... mañana, lo de todos: me retirará su saludo, síntoma
primero de lo que ellos vagamente llamarán su independencia, y principiará a
hombrear con estas manadas de chicuelos mal educados de tu pueblo. Y después ya
lo sabes: reconocimientos que me obligan a hacer en el juzgado sobre
discernimiento y responsabilidad...
¡Ah! se me olvidaba. La letra de tu carta es mejor
que la de la mía, que bien poco tiene de buena, pero la ortografía... ¡ay, qué
medianita es! y a mí, salva otra opinión más autorizada, no me parece cosa
muy puesta en orden que los que estudian ya un idioma extraño no sepan escribir
muy bien el propio, o, por lo menos, con regular ortografía. ¿Verdad que tú
crees lo mismo?
Pues cuidadito cuando se escriba y atención cuando
se lea, que así se va aprendiendo muy suavemente la ortografía.
Recibe afectuosos recuerdos para José y Julio y un
estrecho abrazo que te envía el que fue tu maestro y es tu cariñoso amigo
JOSÉ MARÍA
___________________________________________________
(*) Santos Díaz,
discípulo de la escuela.
____________________________________________________________________________________________
Querido Mariano: No sé si estas líneas te encontrarán en
tu pueblo, pero presumo que no, y por eso serán breves.
Quedo enterado de tus últimos proyectos de estudios
y de tu resolución de hacer oposiciones a esas plazas de Ayudantes de
Ingenieros de Minas de que me hablas. Como en mi vida he visto el Reglamento de
ese Cuerpo, nada puedo decirte sobre el particular, sino que te deseo el éxito
que puedes suponer en tus oposiciones.
Y respecto a tu traslado a la corte(*) y tu vida en
ella, también te deseo muchas y buenas cosas, que todo es necesario para que
por aquel allá tan ruidoso y agitado no se distraigan las muchachos jóvenes y
vivan atolondrados o algo peor que atolondrados.
«La Magdalena te guíe», Mariano, porque una guía santa
y buena necesitas para no descarrilar y desbaratarte en los escollos que bordean
el camino.
No porque un hombre haya dejado la vida tranquila y
sencilla de un aspirante a buen sacerdote, tiene el derecho de faltar a ciertos
deberes, porque los Mandamientos fueron dados, no para seminaristas solos, ni
para curas, ni para frailes nada más, sino para los hombres que visten levita y
sombrero alto...
¿Qué más he de decirte, si todo lo que me calle
debes tú de adivinarlo?
Dame noticias de tu marcha a Madrid, si aún no la
has emprendido, de tu vida allí y de todo cuanto te ocurra, el amigo cariñoso
y leal, el consejero sano y desinteresado, el antiguo maestro tuyo, que hoy no
lo es, pero que se complace en recordar que antes lo fue.
En una palabra, el hombre que más prosperidades
desea para ti ya sabes que lo es
JOSÉ MARÍA
______________________________________
(*) Haciéndome
falta crearme un porvenir, fui a Madrid con objeto de hacer oposiciones.
____________________________________________________________________________________________
9 de Noviembre de 1897
Querido Mariano: Me alarma un poco tu carta. Ya sé
yo que tú no querrás volver a darme el disgusto de caer de nuevo enfermo(*).
Más lo sentirás tú todavía. Pero quiero decirte,
no que me ocultes nunca la verdad de lo que te ocurra por miedo de disgustarme,
sino que pidas al Señor por tu salud y pongas cuantos medios puedas poner en
acción para no perderla, o para recobrarla si la has perdido seriamente. Si
tardas en escribirme, lo interpreto en el sentido de que estás mal. Si así no
fuera, dime lo que te pasa.
No sabría acaso explicarte el verdadero fundamento de mi
resolución, si a ello me pusiera, y además de hacerlo mal, tardaría mucho;
confórmate, pues con saber que está decidido mi matrimonio solemnemente y que
se celebrará, si Dios quiere, en el próximo mes de Enero.
No te lo he dicho antes de ahora, porque yo mismo no lo he
sabido con certeza hasta esta misma mañana, al recibir una carta en la cual se
aceptaba al pie de la letra mi proposición sobre señalamiento de época para
la realización de ese pensamiento, que hace tiempo pesa sobre mí como si fuera
una catedral. Si he querido resolverme, he tenido que obrar magistralmente, como
al que, sin saber si tiene sed, bebe agua porque la tiene delante.
Ruega a Dios que me dé acierto y pídele por la
intercesión santa de la Santísima Virgen, que haga de mí lo que más convenga
a mi provecho espiritual y temporal.
Si yo pensara siempre en lo que acabo de decir, no me
sería tan dolorosa como a veces me lo es esta despedida que me parece hacer de
un mundo de recuerdos y de ilusiones, de una porción de encantos que se me van
a morir... mis amistades generosas, mi pueblo, mis versos... muchas cosas que
parecerán pequeñas, pero que a mí me valían mucho para ir viviendo...
En fin, ya veremos, ya veremos.
Te quiere mucho tu amigo
JOSÉ MARÍA
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(*) En la edad
del desarrollo estuve enfermo y a punto de dejar de estudiar por necesitar los
cuidados de casa.
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Granadilla 19 Enero 1898
Querido Mariano: El día 26 del mes actual, a las
once de la mañana, me casaré en la ciudad de Plasencia. Para aquellos momentos
tan solemnes, tan solemnes que me causan una porción de sentimientos
encontrados, entre los cuales no sé si es el miedo el dominante, necesito yo de
mis amigos, de los pocos que me quieren y desean verme feliz. Vuelve a pedir
fervorosamente a la Sagrada Familia que me conceda la dicha de recibir el
Sacramento que voy a contraer con la pureza de espíritu que Dios manda adquirir
a los buenos cristianos como base primera de la felicidad que van buscando al
unirse en matrimonio. La gracia de Dios, la paz y la salud son las cosas que yo
pido. Ayúdame tú y el Señor te lo pagará.
Y ya que no puedes estar a mi lado en momentos tales,
dedícame por un instante tu pensamiento, y los dos estaremos más contentos de
ese modo.
No volveré a escribirte soltero.
Me despido de ti en tal concepto.
Casado, yo no puedo saber lo que seré. Si el cariño
generoso que hasta hoy he tenido para todos, y señaladamente para algunos,
llegara a enfriarse algo a medida que vaya reconcentrándose en otros seres,
perdóname y ten presente que, si así se verifica, será que así esté
dispuesto, y que yo no tendré fuerzas acaso para ser lo que hasta hoy, no por
falta de deseos, sino porque tal vez es Dios mismo quien lo manda... Y Dios es
sobre todo.
Adiós, adiós. Hoy sí que te abraza con toda su
alma tu amigo
JOSÉ MARÍA
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Piedrahita 9 de Febrero de 1898
Querido Mariano: Ya estoy casado y quiera Dios que lo
esté por muchos años y con la relativa felicidad que el mundo nos puede dar.
El mismo día de la boda fuimos de Plasencia, donde
me casé, a pasar la noche a Granadilla, huyendo de noches de posadas y
asistencia de posaderos. ¡Mis padres se fueron con nosotros, y los demás se
vinieron a Castilla en el mismo tren. Desde Granadilla al Guijo, luego a mi
Frades, y, por último, acá, donde nos tienes ya instalados definitivamente en
nuestra casa, que toda es tuya.
Hoy he recibido tu carta. Tu familia, a quien ya he
saludado, está buena y me da recuerdos para ti. Carta suya recibirías hace dos
o tres días.
Mi mujer (primera vez que así la llamo) no te conoce
personalmente, pero te llegará a querer por quererte yo, y si no, porque yo se
lo mandaré, pues hasta ahí llegaría yo en el caso improbable de que necesario
fuese.
Te la presento más que por nada por buena, que así
yo la considero y así me empeño en creerlo, y así quiera Dios que sea. Es lo
que me importa y me preocupa, porque, en eso de la hermosura, ya no sé a qué
atenerme, que por algo soy algo viejo... de alma y algo conocedor de la vida.
Bueno es todo lo bueno, pero es mejor lo más bueno, cuando no todo está junto
en una pieza. Y yo, en la alternativa de la elección, prefiero lo bueno a lo
bello, aun en las mujeres. Mujeres hermosas las hay... en una Historia de Grecia
con grabados o en la colección de la «Ilustración Española y Americana».
Son pintadas, bueno; pero aun pintadas, abundan. Las otras hasta en pintura son
raras.
Virtudes, cariño, bondad, solicitud, cuidados, es lo
que yo necesito. Belleza, finura, elegancia, coquetería, distinción, estatuas
vivas... ¡buenas cosa para los ojos! Pero, como yo tengo los ojos algo cansados
de ver todas esas cosas...
Velay.
Te abraza tu amigo.
JOSÉ MARÍA
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Querido Mariano: El personaje salamanquino a quien
querías que yo te recomendase, no sé si es amigo mío o no lo es; del mismo
modo que él no sabe tampoco si yo lo soy suyo o no lo soy. Cuando nos vemos,
eso sí, charlamos mucho, paseamos, etc., etc... Pero los sabios tienen también
sus debilidades y sus flaquezas, y los ignorantes sabemos ser algo díscolos y
altivos... Total, que el horno no está para cocer rosquillas por ahora, que es
lo que a ti interesará saber. La historia de ello no quiero hacerla por
escrito. Confórmate con saber que no pido nada, porque no me da la gana.
De tus proyectos, Mariano, yo no saco nada en limpio.
Son muchos, son de órdenes muy diversos y de todos los tamaños. Parecen
producto de un pensar poco sólido y preciso. Lo abarcas todo, desde ingeniero
hasta sobrestante, desde jurisconsulto hasta tocinero. Eso no es tener
proyectos, eso es dar saltos mortales con el pensamiento. Me pareces un gato
jugando con una madeja de hilo.
Con todo lo cual, revelas que vives en un estado de
absoluta indecisión, que no sabes por dónde agarrar el porvenir, que no tienes
formado un juicio medianamente maduro sobre la dirección que has de tomar, ya
que te lo permite, gracias a Dios, tu estado de salud, que celebro sea tan
bueno. Y no concretando tú las cosas un poco más, es claro que no hay
posibilidad de decirte nada que sea oportuno ni que venga a cuento, porque tú
metes en tus proyectos todos los caminos que pueden seguirse para crear un
regular porvenir. Tal es el juicio que me merecen tus proyectos, y te lo expongo
con la honrada franqueza del que no quiere engañar.
Mis proyectos literarios andan algo descuidados, a
causa de las muchas ocupaciones que en esta época tenemos por aquí. Tengo algo
hecho para el tomo que te anuncié, pero llevo la cosa muy despacio por el
motivo apuntado más arriba. Algo suelo hacer también para la Revista de
Extremadura, que es lo mejor que hay por estas tierras (la Revista), y algo
también me arrancan los periodiquillos del país en fuerza de sobarme.
Los de Plasencia querían, como te dije, obsequiarme
con un banquete. Me negué a ir a él por estar de luto.
Pero para obligarme, convirtiéronlo en comida íntima
para sólo quince o veinte y todos me escribieron el otro día, llamándome con
insistencia para que vaya el día 8. Tengo ya dada mi palabra y me esperan.
Tendré que ir a comer con ellos y a leerles algo mío.
Hoy o mañana mandaré a Salamanca una composición
que me pidió el director del Círculo de Obreros para leerla la noche que se
celebre en el teatro la Fiesta del Árbol, a la cual quieren dar gran esplendor.
Se me olvidaba. El deán de Plasencia ha escrito un
libro que me remitió hace unos días. También tengo aquí otro del Chantre,
que me dio su autor, el antequerano, que pretende me empape en la historia de su
ciudad natal para hacerle luego unas versos. Zeda, el crítico de La Época, me
dedicó un ejemplar de «La Novela de la Vida» que acaba de publicar. Ya lo leí
y le dije lo que me pareció de él; pero a los canónigos de Plasencia, a
quienes veré el domingo próximo, Dios mediante, ¿qué voy a decirles, Dios mío,
si aún no he podido abrir las hojas de sus libros?
No tengo más tiempo.
Te quiere tu amigo,
JOSÉ MARÍA
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22 de Junio de 1900.
Querido Mariano: Recibí tu carta del 13. Enhorabuena
por lo de las notas, aunque yo las esperaba tales que no fueran susceptibles de
mejora, y por lo visto lo son. Veremos si en Septiembre se confirman tus deseos.
Cruz(*) también se examinó, y por primera vez en su
vida académica le han rebajado las notas desde la de Sobresaliente, que siempre
obtuvo, hasta la inmediata inferior, que es la que le han dado este año.
Por consecuencia, no ha podido hacer oposiciones al
premio, como en años anteriores las hizo, y con gran fruto. El castigo sufrido
nada tiene que ver con su conducta académica que, por lo visto, ha sido muy
buena, sino que ha sido la sanción de un quebrantamiento de disciplina. Le
sorprendieron estudiando con un compañero a altas horas de la noche en que el
estudio no está permitido, y eso bastó para que el vicerrector hiciera sentir
al chico todo el peso de la antipatía que le inspira. Dicho señor dio al
profesor del muchacho orden terminante de rebajarle la nota, y el profesor, poco
menos que llorando, cedió a tan injusta imposición. De modo que ya sabemos que
en la célebre ciudad de Coria, las faltas y los castigos están tan en relación
como la Metafísica y las zanahorias. A los chicos traviesos que saben bien la
asignatura, se les estropea la hoja de estudios por traviesos.
Para ser lógicos, deben dar sobresaliente a
cualquiera caballería que se dedique a observar los más pequeños preceptos
del Reglamento con la exactitud de una máquina. Yo estaba creyendo que para las
faltas académicas había castigos académicos, como la nota de suspenso o la
reducción de una buena a otra inferior; y para las faltas de orden moral
castigos morales y materiales a veces.
Pero nada; resulta que en la tierra clásica de los
bobos son más discretos que yo...; ¡Babiecas! Desde una suave reprensión
hasta la expulsión del colegio, ¿no habrá en los castigos graduaciones
adecuadas a la gravedad de las faltas, sin apelar a medios que desalientan a los
chicos en sus estudios? Así se enseña el fariseísmo y se alienta a la
holgazanería. ¿Para qué estudiar más que el Reglamento en todos sus
detalles, si el premio a la aplicación y a la competencia ha de ser robado por
la falta más leve de disciplina?
El chico ha sufrido un gran disgusto, y yo no lo creí
hasta que todo lo supe por persona digna del mayor crédito, cuyo relato de lo
ocurrido coincidió exactamente con el de Cruz. Aquello creo que es un foco de
miserables adulaciones, que los maestros reciben de los discípulos con la
fruición del sediento que bebe agua. ¡Qué cochinos! ¿No les dará vergüenza
dejarse adular por los muchachos a quienes tienen obligación de educar? Tapa,
tapa, que peor es meneallo.
Todos buenos y adiós.
JOSÉ MARÍA
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(*) Cruz es
hermano de Desideria García Gascón, quien dejó la carrera eclesiástica.
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Guijo de Granadilla, 5 de Julio de 1903
Querido Mariano: Llegó ayer tu última. Sé que te
debía contestación a la anterior. Tal ando de oficios, que ni recordando a
todas horas mi deuda epistolar contigo he podido saldarla hasta este momento. Últimamente
he estado forastero cinco días, con objeto de vender reses en unas ferias de
Coria, distante de aquí siete u ocho leguas mortales. He venido rendido y con
todo el sol de Extremadura metido en la mollera.
Yo y todos en esta casa, hemos celebrado muchísimo
la noticia de que te han dado un destino, que será modesto, pero que te ayudará
no poco a soportar los gastos de tu vida en esa Babel. Trabaja honrada y
activamente en el desempeño del cargo, que Dios te dará otro más lucrativo y
mejor algún día. Nadie empieza la subida por la cumbre de la montaña. Gánate
la simpatía de los hombres de valer cerca de los cuales vivas y no perderás el
trabajo que en ello emplees ni aun las contrariedades que ello te proporcione.
También yo, querido, trabajo mucho, y no es ciertamente el cultivo de la poesía,
como supones, lo que me tiene siempre atareado. Son estos oficios del campo, que
nunca están hechos de un modo definitivo.
La pluma es verdad que también me proporciona trabajo,
pero no por lo que se refiere a pensar alguna obra y escribirla, sino
principalmente por las relaciones y amistades literarias y los compromisos de
cortesía a que obligan, me hacen emborronar mucho papel de cartas y gastar no
poco tiempo.
Así son las cosas y así tenemos que aceptarlas,
porque todo hombre de los vivos -y más que nadie nosotros- somos muy chicos
para arreglar todo lo que anda tan desordenado por estos mundos de Dios.
Sirve y considera y respeta mucho al Sr. Mendizábal, ya
que tanto hace por ti. Si logras con tu conducta que tu persona y tu situación
le interesen podrás subir a su lado, cuando menos, hasta llegar a la conquista
del pan.
No es ningún raro fenómeno el que diariamente me
recuerdes con simpatía y hasta con cariño. Me conociste en tu tiempo, es
decir, cuando tenías el alma en estado más envidiable que el de ahora, que ya
no puede ser el de la virginidad de afectos. Perduran las impresiones cuando el
espíritu que las recibe está puro, cuando es ingenuo y fresco. Lo propio
sucede a todos, en mayor o menor grado. Yo tendré mientras viva un recuerdo de
amor para la casa en que me crié, pobre y humilde; pero no puedo tenerlo para
otras casas donde he vivido entre relativo lujo.
En ese mismo Madrid, por ejemplo, tan magnífico y
brillante, me ha sido siempre imposible sentir una emoción pura, de las que
quedan. Nos pagamos con la misma moneda, que es brillante, pero es falsa. Me
muestra él grandezas inmensas y yo se las contemplo con inmensas
admiraciones... de la propia clase que sus grandezas. Así se explica que en
medio de Madrid recuerde con ansia el pueblo y no me acuerde de Madrid en la
tremenda monotonía del lugar. No son estas cosas, cosas de temperamentos, sino
más bien estados de alma. Supongo que si yo viviera veinte años consecutivos
en Madrid, me la pondría la gran ciudad de tal manera, que acabaría tal vez
por no comprender otra vida mejor que la de la corte. Ya ves que hasta los
venenos llegan a hacérsenos deliciosos. Lo cual no quita que digamos que los
venenos no deben ser cosa buena.
De cualquier modo es honrado, para el que no es hijo
de la ciudad, recordar con amor y simpatía las cosas y las personas que en su
corazón produjeron las primeras emociones. Al menos yo opino así, y me parecen
antipáticos desertores u hombres atolondrados e ingratos los que obran de otra
manera.
Y ten muy presente que yo, que no quiero ni bien ni
mal a la ciudad, estoy soñando con ella, y no por mí ciertamente. Tengo ya
tres hijos varones y tiemblo de pies a cabeza cuando me pongo a pensar en estas
dos negaciones: que en el pueblo no me es posible educarlos, o mejor dicho,
instruirlos cual yo quisiera, y a la ciudad no he de poderlos enviar por falta
de dinero para en ella proporcionarles lo que más arriba digo. Y hay otra
puerta que también está cerrada para mí: trasladarme yo a la ciudad con mis
hijitos, cosa imposible, porque yo no tengo pan en la ciudad. ¿Ves qué
problema estoy ya viendo venir desde muy cerca? Porque si un sólo hijo tuviera,
podría hacer el sacrificio, tal vez sin grandes esfuerzos; pero para tres no
tengo más que mi confianza en Dios. Él me abra camino bueno.
El segundo aniversario del fallecimiento de mi
madrecita (q. e. p. d.) fue el día 30 de Junio próximo pasado. Te suplico: que
reces por aquella santita y por mi hermana Enriqueta (q. e. p. d.), y Dios te lo
pagará.
No dejes de escribirme, que me interesa lo tuyo como
lo mío.
Y recibe muchos abrazos de tu gran amigo
JOSÉ MARÍA
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