|
A Mariano de Santiago Cividanes
==========================================================================
Piedrahita y
Noviembre 28, 1895
Querido Mariano: Acabo de recibir tu tarta y de
romper una tarjeta que ya tenía escrita para ti.
Pepe te abrazará de mi parte. Probablemente se irá
desde ahí a la corte y no sé si se nos quedará por allá para siempre,
enamorado de la vida del gran mundo. Creo que no, porque quiere mucho a su madre
y a su pueblo y algo también a mí. Aconséjale que vuelva pronto, porque aquí
le queremos más que en Madrid y nos hace más falta aquí que por allá.
No necesito decirte cuánto celebro y celebran en tu
casa la noticia de que ocupas hoy el primer puesto de la cátedra.
¡Adelante, adelante!... y nada más.
Yo también te abrazaría de buenas ganas en las próximas
vacaciones; ¡ya lo creo!
Pero si no puede ser, paciencia y calma para esperar.
¿Te escaparías de buena gana con Pepe, si te
dejaran, a pasar unos días por Madrid? Acaso si... pero ya sabes que ni puedes
hacerlo, ni debes pensar en ello, ni te conviene tal cosa.
Deja a Pepito, que se divierta unos días por allí y
que vuelva pronto a verme, que es lo que yo deseo.
Agradezco los recuerdos de José y Julio y se los
devuelvo con creces, alegrándome mucho de que seas amigo suyo.
Julio, el de aquí también me encarga que te salude
y que no te olvida.
De Pepe nada te digo, porque él te dará esta carta
con un abrazo que te envía
JOSÉ MARÍA
__________________________________________________________________________________________
Piedrahita y Enero, 1896
Querido Mariano: Me he lucido, la verdad. Uno de los
principales motivos (¡quién sabe si el primero!) que tuve para venir a este
pueblo el mismo día de los Reyes, era saludarte antes de que volvieras a tu
encierro. Dejé disgustada a aquella gente, que no comprendía mi empeño de
venirme más pronto que ningún año. Y después de ponerme enfermo en Béjar,
donde pasé las de Caín, llegué, por fin, a tu pueblo, y... lo demás ya lo
sabes. «Los seminaristas se fueron ayer», me dijeron en cuanto llegué. Yo
disimulé y no dije nada con la boca. Interiormente dije: ¡Pues me he lucido!
Como recuerdo de mis excursiones a los jabalíes y
venados (*) por sitios inaccesibles, me he traído una herida en un pie que
todavía no me ha dejado salir de casa, pero que ya va cicatrizando gracias a
Dios.
La verdad es que por aquellos abismos nadie andaría
más que un chiflado como yo... y los que me acompañaron, porque la casta de
los chiflados no se acabará mientras el mundo sea mundo.
Mi madre, que ya te quiere(**), no sé por qué, me
hizo cien preguntas relativas a tu personalidad de seminarista y cura en
ciernes. Quiere y espera, cuando lo llegues a ser, que lo seas bueno.
«¿Entiendes, Fabio, lo que voy diciendo» por boca
de mi madre? Pues tú verás si quieres complacerla.
Y con muchas memorias más para Julio y José, se
despide por hoy tu amigo invariable siempre
JOSÉ MARÍA, EL COJITO
_________________________________________
(*) Una de las
diversiones favoritas del poeta era la caza; era buen tirador, y en Extremadura
asistió a varias de reses; en su despacho tenía la cabeza de un venado.
(**) Doña
Bernarda Galán Casquero, madre del poeta, personificación del Ama, era tan
hermosa como inteligente, y cuentan los que conocieron a la madre de ésta que
también lo fue, en uno de los viajes que hizo a Piedrahita fue cuando la conocí,
no es extraño, que me quisiera al saber que yo no tenía padres y su hijo me
distinguía quizá por esa causa.
__________________________________________________________________________________________
Querido Mariano: Tu nota es muy honrosa y te doy mi
enhorabuena. Parécenle que no estás conforme, porque esperabas más. No te
preocupe tal cosa: las notas suponen ciencia pero no la dan. Además, la tuya,
repito, es honrosísima y debe satisfacerte como a mí me satisface. Los
conocimientos no están en la papeleta de examen; están en la cabeza del que
estudia. Y, por último, si realmente te han lastimado en tu noble ambición de
buen estudiante, mejor. Bienaventurados los que padecen persecución por la
justicia, etc. etc.
Come mucho, bebe más y descansa para otro año.
Así te lo recomienda o te lo manda tu maestro y
amigo,
JOSÉ MARÍA
__________________________________________________________________________________________
Querido Mariano: Nada de preámbulos, porque hace
tiempo que vengo observando que se me va todo en prólogos, como me ha sucedido
con un álbum(*) que empecé a escribir diciendo: voy a cantar esto, voy a
cantar la de más allá, voy a decir qué se yo qué, voy hacer y acontecer, y
cuando me apercibí de todo, se me había acabado el álbum sin acabárseme el
prólogo.
Nada he de decir en tu casa de tu enfermedad, no
tengas el menor cuidado por eso.
Pero la verdad es que la salud vale mucho y no es
cosa de que, por temor a cualquiera resolución que tus abuelos tomaran si lo
supieran, vayas a estar tú sufriendo sin ponerte en cura de una manera seria y
decidida, y haga la enfermedad progresos que ahora podrían corregirse y acaso más
tarde no. Tú has crecido mucho, estás demasiado delgado, y, aunque
materialmente hambre no pases, es posible que necesites alimentación más
nutritiva que la que ahí pueden darte. Y si no, ya ves lo que el médico te
aconsejó, y por cierto que no me dices si tomas lo que te dijo, por lo menos
las medicinas. Conmigo tienes confianza; dime sinceramente si te sientes débil,
sin notas que tus fuerzas han disminuido o tienden a disminuir, si sientes dolor
alguno, etcétera, etc.
Si así fuera, pide permiso al Sr. Rector o a quien
corresponda para que permitan que se te envíen algunas cosas que necesites,
como jamón, lomo, etc. Nada te importe de tus abuelos, porque si quieres que ni
eso sepan, yo te envío lo necesario sin decirles nada a ellos. Y si no te
atreves a decírselo al Sr. Rector, dame su nombre y yo trataré el asunto
directamente con él. En fin, piénsalo bien y dime en resumen estas dos cosas
con entera franqueza: cómo te sientes y qué crees que necesitas para estar
bien, si no lo estás.
Lo que tienes es indudablemente debilidad, pobreza de
sangre, y es necesario evitar que la anemia te consuma, apoderándose de ti.
Preocúpate, pues, de tu salud, no sólo pensando en hoy, sino que tienes que
pasar mucho tiempo en el seminario y es preciso, si es posible, que estés sano
y fuerte para los años venideros. De lo contrario, si hoy te descuidas, quizás
mañana sea tarde y perdamos más tiempo que el que ahora podíamos perder.
Conque, no me engañes, dime lo que haya ocurrido y lo que ocurra con entera
confianza, porque no soy tu padre ni tu hermano, pero... como si lo fuera. Yo te
prometo solemnemente, para tu tranquilidad, no decir nada en tu casa, si tú no
me lo mandas.
__________________________________________
(*) Se debe
referir al álbum que escribió al entonces niño José de la Fuente, mi condiscípulo,
de donde he tomado algunos versos, publicados en El Salmantino.
__________________________________________________________________________________________
Querido Mariano:
Comprendo que nada o muy poco de particular sucederá en tu
encierro que sea digno de contarse. Mejor: con eso se pierde menos tiempo que
averiguando cuentos de cocina, como andamos por aquí.
El nuevo párroco me pagó la visita el día
siguiente al en que te escribí mi última carta.
Estuvo en casa algo más de media hora y hablamos de
todo un poco. Es hombre listo, tiene mucho mundo, mucha trastienda, mucha pestaña,
que dicen los chulos.
Ahora predica mucho y bien. Tiene muchos oyentes, no
en la Misa, en los sermones; porque, luego que acaba de hablar, seguimos con la
costumbre de ir desfilando, desfilando, hasta que nos quedamos otra vez en
«la soledad inmensa del vacío».
Los carnavales han estado desanimados, aburridos, estúpidos.
Una comparsa de marinos y unos cuantos bailes es lo que ha habido. ¡Ah! y unos
hombres muy brutos, disfrazados de personas durante el resto del año, se
pusieron en esos días trajes muy en armonía con sus respectivas inclinaciones.
Cuando se acabará la tierra, nadie puede predecirlo;
ni el mismo general en jefe. Pero desde que Weyler llegó, es lo cierto que ha
tomado muy favorables rumbos y que adelantan bastante hacia una solución
satisfactoria para nuestras armas. El que diga más que esto, o no sabe lo que
dice o dice cosas que no sabe. Te lo digo para tu gobierno y para que no creas
otra cosa que te digan.
Y si hay un seminarista que tenga ahora más noticias
y mejores de la guerra que yo, que me lo diga. ¡Y eche usted digas!
A todo esto, es la una y media de la madrugada y me
voy a descansar.
Escribe pronto a tu amigo que te abraza
JOSÉ MARÍA
Piedrahita
__________________________________________________________________________________________
Frades, 11 de Agosto de 1897
Querido Mariano: ¿Qué quieres que yo te diga de tu
proyecto de traslado a Salamanca?
El asunto es delicado para quien, como yo, puede
contribuir a inclinar tu voluntad en uno o en otro sentido y equivocarme en
cuanto a las consecuencia de la determinación aconsejada.
No es este caso de índole de otros, en los cuales
pueden ser, y son garantías de acierto la experiencia, la serenidad de juicio,
etc., etc. En este asunto como dicen los charros en el de las bodas, más vale
acertar que escoger. Y siendo cuestión de buena o de mala suerte más que
producto de bien maduros pensamientos y de acertados juicios, debe ser el
interesado quien resuelva, porque en ello se juega algunas cosas que nadie puede
devolverle si las pierde.
Sin embargo, yo, ni en esto ni en nada que te interese,
puedo abandonarte en absoluto.
Y ya que otra cosa no pueda, por lo menos, te diré
cuatro palabras para que sepas pensar el asunto siquiera con orden, y por todas
sus caras y resuelvas en definitiva según te parezca.
La cuestión tiene tres principales aspectos: el económico,
el académico y el relativo a tu salud.
En cuanto al primero carecemos de datos que de un
modo seguro acrediten la conveniencia del traslado. Pero, si no seguros, los hay
probables, nada más que probables; y en lo que pueden llamarse seguros es en lo
de que no ha de serte la vida en Salamanca más cara que en Ávila. De modo que,
como cosa averiguada, sólo puede contarse con que no te cueste mayores
sacrificios tu estancia en la primera que en la segunda de las ciudades
nombradas.
Algo más podría yo decir sobre esto de haberlo
sabido cuando estuve en Salamanca, pues hubiera tanteado el terreno por mí
mismo.
Desde el punto de vista académico, creo yo que te
conviene el traslado. Puedo equivocarme en esto también, porque yo no conozco
aquello por dentro, aunque he vivido en Salamanca mucho tiempo. Pero opino lo
que digo fundado en razones generales que cualquiera alegaría sin conocer ambos
seminarios. El de Salamanca, como sabes, es Central, mucho más numeroso,
dirigido por jesuitas, con más elementos de vida que el otro, más necesidad de
tener un buen profesorado, y por último, establecido en una capital donde el
ambiente intelectual es muy otro que el de ciudades que no poseen tantos centros
docentes como la capital de esta provincia, que no es un Madrid, pero tampoco es
un Ávila.
Queda tu salud, y de esa sólo Dios es quien dispone,
y puede del mismo modo dártela en Ávila que aquí quitártela en Salamanca.
Ambos climas son crudos como ellos solos, pero, dentro de esa crudeza, lo es
mucho más el de Ávila, o yo no recuerdo como es el de Salamanca.
Puede influir algo en mi opinión el hecho de que en
Ávila, con sólo verla, se siente frío, sin que lo haga. Pero, de todos modos,
el clima de Salamanca no hay duda que es menos frío; y entiéndelo bien: no
digo que sea más sano, sino algo menos frío.
Estas tres principales cuestiones son las que tienes
que meditar, sin olvidarte tampoco de que en Salamanca estás más alejado de tu
casa, aunque no sea excesiva la diferencia, porque hasta Alba se va en el tren
en muy poco rato.
Por último, yo nada puedo hablarte respecto a la
situación académica en que mañana u otro día tendrás que estar en Salamanca
por eso de no ser ésta tu Diócesis, porque yo no entiendo nada de tales cosas.
Tú sabrás si con ello ni se pierde ni se gana.
Y no me atrevo a pasar más adelante, hijo, porque si
yo supiera que ibas ganando en el cambio... pero ¿y si pierdes?
Por lo demás, y atendiendo yo a otras razones de carácter
puramente accidental, me alegraría que lo hicieras porque, a lo menos en
Salamanca tengo un hermano a quien claro es que yo te recomendaría muy de veras
para cualquier apuro en que tú pudieras verte.
Piénsalo, pues, y después de consultarlo con tu
familia debes hacer lo propio con algún cura de tu confianza, verbi gratia, D.
Silvestre el coadjutor de Piedrahita.
Y en cuanto resuelvas, dime en qué sentido lo has hecho.
Por hoy nada más. Manda a tu profesor y amigo
JOSÉ MARÍA
__________________________________________________________________________________________
Frades, 27 de Julio de 1898.
Querido Mariano: He pasado unos días en Salamanca
con Baldomero y en la Maya con Enriqueta, y ya estoy aquí de vuelta.
Antes que se me olvide: pero, hombre ¡qué mal
escribes! Ya te he reprendido más veces tus descuidos porque no quiero que
nadie se ría de ti. Yo no me río, yo rabio con esas cosas. No seas tan
descuidadote, hombre.
Empiezas, a lo mejor, un período por su oración
principal, la interrumpes con otras dos o tres incidentales y luego pones punto
final sin acabar lo que empezaste a decir. En enmiendas y borrones derramas un
mar de tinta y lo coronas todo con una ortografía que es más propia de un
sargento que de un muchacho que ha estudiado Gramática castellana y anda a
vueltas con los clásicos latinos. Yo no puedo enseñar a nadie tus cartas
porque lo primero es que las personas ilustradas no te juzguen ignorante, y las
ignorantes deseado.
Sé muy sencillo en tu lenguaje, porque para hacer
con él lo que yo veo que tú quieres hacer, es temprano todavía y no lo
manejas como es necesario manejarlo para escribir con cierto descuido y con
graciosa soltura. Ya lo conseguirás, pero no si te precipitas y lo echas todo a
barato. Esa ortografía, sobre todo, tira de espaldas al que te lee, Mariano. Ya
ves que yo mismo no me pago de las formas demasiado y que escribo siempre a
vuela pluma. Pero tengo algún cuidado, siquiera en lo principal. Yo no te pido
elegancias, te pido corrección y sencillez: no te pido esmerada forma de letra,
te pido ortografía. Ya ves a Pepe, no ha hecho, como tú, estudios especiales
en estas materias, y su carta está mejor escrita que la tuya: tiene lenguaje más
claro y más preciso, más limpio y más correcto, tiene muy aceptable ortografía
y no tiene borrones acá y enmiendas acullá, como la tuya. Sé sencillo y
hablaras claro: observa cuando leas y escribirás con ortografía. ¿Quién más
que tu ganará en ello?
Mi salud, gracias a Dios, es buena.
No hago gimnasia con aparatos, pero la hago, y muy
sana, con la escopeta en el monte.
Esto, unido a que leo poco, no estudio nada y como y
bebo muy bien, es bastante para que me reponga por completo. No escribo más por
dedicarte un parrafillo a Ricardo, al cual se lo leerás.
Te quiere tu maestro
JOSÉ MARÍA
__________________________________________________________________________________________
4 de Abril de 1899
Querido Mariano: Creo que tu proyecto de estudiar está
bien pensado, y sólo hace falta que su realización sea cosa fácil, o por lo
menos, que no sea muy difícil. De las combinaciones de asignaturas que haces
deduzco, en sustancia, que acabarás el año que viene la Filosofía, después
de lo cual, te faltan sólo dos o tres cursos de Moral para ordenarte. No dices
si son dos o tres, ni dices tampoco dónde estudiarás la Psicología que
piensas aprobar en Ávila después del curso actual. Supongo que la estudiarás
en el verano próximo para examinarte en Septiembre y quedarte ya en Ávila
cursando la Teodicea y la Cosmología. A mí -ya te lo he dicho- me agrada
cualquiera plan que abrevie tus estudios, porque esto creo que te conviene
mucho, atendidas las circunstancias de salud, de bolsillo y aun de familia.
Cultiva las relaciones que tengas con tus profesores y amigos más influyentes y
hazte apreciar de todos cuanto puedas, porque pueden valerte muchísimo para
lograr tus propósitos. Celebro, finalmente, que hayas pensado con detenimiento
acerca del camino que ha de llevarte al porvenir, y creo que en tus decisiones
no habrá influido poco ni mucho ningún capricho del momento, ni el temor de
disgustar a nadie con un cambio de dirección, ni los impulsos de cierta
religiosidad romántica, poco sincera y poco formal, que lleva a cualquier
muchacho algo poeta al deseo de ponerse una sotana, si le entra la poesía por
el lado de lo místico. Esto último lo digo porque bien sabes que antaño me
tenías algo escamado... aunque yo creo que estarás bien curado de aquella
erupción de sentimentalismos poético religiosos que arrancaban a tu
destemplada y estrepitosa lira aquellos gritos estentóreos con que osabas
cantar nada menos que el Santísimo Sacramento del Altar, que era, en tu
concepto de entonces
«el consuelo de los querubines»
«y el grito de los serafines», si yo no recuerdo mal.
Dispensa que haga la exhumación de tus primeros
vagidos literarios, que más bien eran rugidos que me tenían medio asustado;
pero yo, estoy todavía algo resentido contigo por los graves insultos que a mí
me propinaste cada vez que te lanzabas sobre tu lira como un desesperado para
dedicarme alguno de tus atrevidos cantos, que resultaban cantazos disparados
como por una honda de vaquero. Ahora se venga aquella víctima tuya (es decir,
de tu lira) recordándote aquellos tiempos en que decías pomposamente de mí:
«¡Es el Mentor de la infancia...
el que nos está arrancando
de las garras de la ignorancia...!
Di ¿y aquel amor que era como la cal?...
Ya supongo que aquel vértigo habrá pasado y que
estarás hecho todo un hombre formal, dedicado a tus estudios y a tus rezos, sin
injuriar a nadie en verso, a lo menos mientras no te resulten algo mejor
fabricados que los de antaño. Ya que hablo de versos te diré, reconociendo
antes que los míos son siempre muy medianitos también, que hace dos días envié
unos a «La Lectura Dominical», y no sé si querrán o podrán publicarlos.
He recibido el «Blanco y Negro» dedicado a la
Semana Santa y los demás periódicos que con él me enviaste. Incluso el «Canario»,
que es el que me ha hecho más gracia por la poca que tiene y por su tamaño. Me
sucede lo que a Joseíllo Delgado, que decía que los periódicos chiquitines le
horripilaban.
Lo mejor es que el «Canario» pretende enseñar Gramática
a otro periódico y resulta que no la sabe él tampoco.
No ocurre nada nuevo que contarte. Para que te
entretengas un ratillo, te enviaré cualquier día unos versos extremeños
escritos para mi Jesús(*). (Los papás somos todos medio tontos con los hijos.)
Te abraza tu amigo
JOSÉ MARÍA
______________________________
(*) Se refiere
a El Cristu benditu.
__________________________________________________________________________________________
24 de Junio de 1899.
Querido Mariano: Hoy recibí el papelito que me envías
en el «Blanco y Negro». Celebraré y supongo que aprobarás o aprobarías ayer
la Filosofía. Nada me dices de la nota obtenida en Matemáticas.
Me está extrañando mucho el silencio que Pepe
guarda conmigo. ¿Estará enfermo? Hace muchos días prometió escribirme pronto
y no lo ha hecho todavía.
Yo he estado dos o tres veces a punto de escribirle a
él, pero si no hay novedad en él o en los suyos, no quisiera obligarle a
contestar sin haber algún motivo que justifique mis prisas por saber de él.
Infórmate tú y dime si está enfermo él o alguno de su casa; y si me dices
que no tiene novedad puedes decirle a él que no se dé prisa para escribir,
pues en último término, me conformo con saber que está bueno.
El 25 salgo con mi tío con objeto de llevar unas
vacas a una feria y el 28 iremos a otra, con el propio objeto mi tío, dos
criados y yo. La primera se celebra en el Villar, pueblo distante de aquí dos
leguas, en la línea transversal, y la segunda en Coria, patria de los bobos,
según la tradición. Veré, si Dios quiere, la catedral y la estatua del célebre
Bobo que hay en ella o encima de ella.
Ahora que voy yo a Salamanca la dejas tú: Válame
Dios, y cómo se ponen las cosas!
Recuerdos a Pepe y a doña Bernabea y te abraza tu
amigo
JOSÉ MARÍA
__________________________________________________________________________________________
Guijo de Granadilla 8 de Diciembre de 1899
Querido Mariano: Por falta absoluta de tiempo no he
contestado tu última. No me dejan ni despachar el correo las muchas tareas que
ahora tengo.
Mil enhorabuenas por lo de los cuartos de la redención,
y que caigan muchas brevas como esa. Enhorabuena también cuando te traslades a
casa del Magistral, porque en ninguna parte estarás mejor que con él y su
familia.
¿Vas a pasar las vacaciones en tu pueblo? Si es que
tanto tienes que estudiar, tal vez te conviniera pasarlas en donde estás. Además,
quince días son pocos para hacer el sacrificio del viaje. Yo no quiero que
vengas ahora por acá. Supongo que hasta te complacerá mi franqueza para
hablarte. Tengo (y tendré en el mes que viene) tantas y tantas ocupaciones, que
no quiero que vengas tú ni ninguno de Frades por ahora. No estoy en casa más
horas que las destinadas al sueño, y el que viniera en estas circunstancias, ni
me dejaría moverme de un lado a otro con entera libertad, ni podría acompañarme
a mis quehaceres, ni en casa podrían atenderte tampoco ni un momento.
Así se lo diré a los de Frades para que no vengan
ninguno por ahora ni me esperen en las próximas Navidades, aunque bien siento
no poder acompañarles.
La recolección de la aceituna, sin contar otras mil
cosas a que hay que atender, no me dejan tiempo para nada. A Hervás y Plasencia
necesito ir desde hace tiempo y no he podido lograrlo.
Hoy he recibido un número del «Correo Josefino»
con los versos y una atentísima carta de D. José Campos, a quien también hoy
contesto.
Se conoce que le has dicho que tengo versos sin
publicar y me los pide. De seguro que le habrás hecho creer que tengo inéditas
unas cuantas preciosidades literarias, muchacho, y no tengo nada, pues lo poco y
malo que tenía de mis tiempos de idealismo inocentón, lo he ido condenando al
fuego. Cuando mis ocupaciones me lo consientan, haré algo para la revista que
el señor Campos me ha enviado y que le agradezco mucho.
De Luis tuve carta hace poco, pidiéndome versos míos. Le
envíe unos de Zorrilla y le gustaron, pero dice que los quiere míos, y allá
le envíe hace días una composición que escribí hace poco tiempo.
Al morir uno de mi pueblo, dijeron cuatro tías
calzudonas que había vomitado unas vírgenes, nada menos.
El cura mandó guardar el vómito, dio calor al
asunto, se desplomaron allí los pueblos próximos, etcétera. Mi padre furioso
contra el cura. Toledano le amenazó con hablar de él en los periódicos, y al
cabo el hombre ha dicho desde el altar que no fue milagro el caso, que no.
¡Qué curas!
Te abraza tu amigo
JOSÉ MARÍA
__________________________________________________________________________________________
Querido Mariano. Contesto la tuya del 18 del pasado
en la que me pides noticias de Jesús y de su mamá.
Ambos están buenos, gracias a Dios. Desideria como
siempre, muy atareada y haciendo sus novenas y demás devociones en cuanto sus
quehaceres le dejan una hora libre.
El mozo prospera mucho en todos sentidos. Me sale muy
hablador (en algo tenía que parecerse a su padre). Tiene ocurrencias de hombre
grande. Yo no sé dónde ni cómo aprende tanto como sabe.
Es traviesísimo y de muy buena inteligencia. Esto último
no lo digo yo, sino que lo oigo decir a los que no son su padre ni sus
parientes.
Puedes decir a Escobar, cuando quieras, que le avisaré
cuando publiquen «El Cristu benditu» para que disponga luego de la composición
como mejor te parezca.
Sentí no poder complacerte ni complacerle, pero ya
has visto que mi negativa era justificada.
Creo que cualquiera día haré otra composición en
verso o un cuento en prosa, de sabor extremeño y se lo daré a la Revista de
Extremadura, ya que él así lo desea.
Ahora he tenido que enviarle a Baldomero y a Unamuno
algo que me tenían pedido, al primero le envíe unos versos y al segundo un
cuento y algunos apuntes para una obra que está escribiendo.
Baldomero me excita a que escriba prosa, sin dejar el
verso, y a que le mande cuanto haga.
Hago muy poco por falta de tiempo, y por la misma razón
lo hago todo muy de prisa.
Algo más debiera trabajar con la pluma, la verdad,
pues ya quisieran para sí muchos de los que escriben, que se les ofrecieran
padrinos literarios de la talla que a mí se me han ofrecido, sin merecerlo, por
supuesto, pero también sin yo solicitarlo.
Te abraza tu amigo
JOSÉ MARÍA
__________________________________________________________________________________________
1º de Febrero de 1903
Querido Mariano: Muy asendereada vida traes: Siento
mucho que así vivas, o que así tengas que vivir, si es que no puede ser de
otro modo.
Tantos oficios ensayas, tantos estudios acometes,
tantos proyectos adoptas y abandonas, que pareces lanzado por no sé quién a
perpetua vida de aventuras. Vas teniendo hasta ahora mala suerte: ya lo veo.
Y como yo te quiero mucho y te quiero bien, perdóname
que recuerde alguna vez, para desahogo estéril, aquella serena vida que yo soñaba
para ti, cuando te veía hecho sacerdote, dedicado al vivir sencillo y bueno,
sin ese triste ajetreo de ahora, y... con el pan asegurado.
Todo el sueño hubiese sido a estas horas hermosa y
positiva realidad, si no abandonas tu primera orientación. No es esto acusar,
no es regañar, no es traer a la memoria frustrados deseos y no seguidos
consejos míos para que veas el contraste resultante. Yo no diré nada que te
apure ni que te pueda molestar y aun afligir. Lo que hago es recordar, para
satisfacción de mi conciencia el modo que yo tuve de entrever tu porvenir, y
contemplar ahora, con dolor de corazón, el triste espectáculo de la lucha
desigual que tienes entablada con la vida y por la vida. Bien sabía yo por
entonces, como lo sé ahora también, lo dura, lo amarga, lo desagradable que es
esa lucha, y lo que cuesta llegar al éxito que se persigue.
Por eso contribuí como pude a desviarte algo del
camino fragoso; es decir, quería yo que te dieran hecho el porvenir, no que tú
solo, rodando por el mundo, tuvieras que andar buscándolo como andas hoy...
Repito que nada quiero ahondar en la materia: sería,
en efecto, una verdad inconcusa el dictamen de los señores médicos, que,
cuando no saben curar -y lo saben pocas veces-, se dedican a dar consejos... ¡ellos
que necesitaban tantos! Sería verdad que tu salud se resentía, no por lo que
yo opinaba (el encierro, la mala alimentación, etc., etc.), sino por lo que
ellos alegar en aquella vulgarota cantinela que entonan junto al oído de las vírgenes
que quieren dejar de serlo o de los chicos espirituales... a ratos, que buscan
un argumento científico que tranquilice su conciencia... Será o sería verdad
todo esto y todo lo que se quiera, pues yo no he de discutirlo a estas horas;
pero, por que ello sea una verdad ¿no he de poder yo entonar también otra
cantinela en que llore recuerdos buenos de ayer y tristes espectáculos de hoy?
Yo tenía esperanzas y me las arrebataron. ¿Con
permiso de la ciencia, no podré lamentar la pérdida? Yo me metí a profeta y
acerté. ¿Es pecado sentir que la predicción funesta haya venido o lleve
trazas de venir a realizarse?
Hasta llego a conceder que los hechos han confirmado
lo que decían los doctores. Lo concedo porque creo que es verdad que tienes
ahora salud. Lo que no sabemos ni los doctores ni yo, es si también la hubieses
recobrado con un género de vida en el que no hubiese habido fríos de seminario
y bazofias de su cocina. Porque del estudio no hay que hablar puesto que con él
continúas. ¡A no ser que también me hagan creer que la Teología desbarata
las barrigas y las matemáticas abultan las pantorrillas! -Yo no soy amigo de
soluciones radicales en casi ningún asunto. En las luchas no debe abandonarse más
que la impedimenta que embaraza y estorba por el momento, pero no tirando todo,
armas inclusive.
Y basta ya. Tenía ganas de llorar un poquillo por lo
que debes figurarte, pues aunque me habrás oído hablarte poco, o tal vez nada,
de estas cosas, de sobra habrás comprendido que yo te seguí a la rastra en tus
nuevos caminos. Pero ¡ay! que me cantabas la cantata de la salud desbaratada, y
como la salud es cosa tan respetable, tan querida y tan necesaria, y como todos
creíamos y creeréis que para recobrarla era menester aquello... yo callé,
porque tenía que callar. Y callé, entre otras razones, porque también por el
camino viejo se pone enferma y hasta se muere la gente, y si un día se me
echaban a mí culpas como esas...
Hoy ya lo veo, tienes salud, y de tontos es andarte
diciendo lo que yo me alegro de ello. Dios te dé ahora lo que te falta:
porvenir.
Sigue luchando, ya que no tienes otro remedio para
vivir, como yo y como todos los pobres, que ganar pan trabajando. Ojalá que tu
fortuna te depare pronto lo que deseo para ti, que es mucho y bueno.
Tienes que perdonarme esta carta, escrita en un tono
que no he querido dar a ninguna de las que te he escrito tiempo ha. Bien sabes
que los que sabemos querer, necesitamos decir lo que sentimos, tal y como lo
sentimos.
Ánimos y adelante. Esta expresión de un pasajero
desahogo mío, sirva para convencerte más y más de la necesidad que ya tienes
de continuar trabajando sin dormirte para ser algo mañana, y no sea motivo de
desaliento y de disgusto para ti, pues me serviría de profundísima desazón.
Por hoy no te hablo de cosas mías, porque ya no hay
tiempo para ello.
Escribe pronto con todo lo que te suceda, y aunque
nada te suceda, y no olvides que soy un gran amigo tuyo.
JOSÉ MARÍA
__________________________________________________________________________________________
18 de Enero de 1904.
Querido Mariano: Llegó tu última, y ya era hora. No
debiera decir esto porque yo te tengo también a media correspondencia, pero yo
no puedo hacer más de lo que hago, puedes creerlo. Estoy hasta salva sea la
parte, y basta de preámbulos.
Te metieron pa fuera en las oposiciones ¿eh?
Pues ya podías habérmelo dicho hombre, que ello no
es ninguna cosa que avergüence ni deshonre. Te advierto que te recomendé a un
pájaro gordo, gordo en Madrid, no en cualquier parte. Y me dijo que sí, y me
lo dijo muy expresivamente, y hasta con sinceridades. Pero, por lo visto, la
cosa no resultó, lo cual no es tampoco ningún milagro, sino cosa muy
corriente. Tú no te desanimes por el resultado. Los menos consiguen colocación
al primer golpe. Hay que repetir, repetir y estudiar mucho, estudiar mucho.
De lo mío no tengo tiempo de hablarte largamente.
Digo de lo mío por no decir de lo de esos tus amigos que te han hablado de algo
de lo que me convendría hacer. Les agradezco muy de veras la buena intención
que supongo en ellos.
No me pidas perdón por lo que hables, hombre. Habla
todo lo que quieras, aunque sea metiendo el pie una miajita, como con lo de la
probabilidad de la piececita para Lara.
En eso no puedo darte gusto.
Mejor se lo daría por ejemplo a uno de nuestros mejores músicos,
que me tiene pedida una zarzuela grande; sería, por supuesto, para
estrenarla... el día que yo quisiera. Y riesgo por riesgo, la elección no es
dudosa entre una piececita para Lara y una zarzuela para el Lírico.
Lo de "El Dardo" no te preocupe. Todo
lector discreto no extraña ciertas cosas. Hay que saber también dónde se lee
y por qué se habrá escrito. Se lee en "El Dardo", por ejemplo: se
escribe... por cortesía, por compromiso, etc., etc.
No tengo más tiempo y siempre así, querido.
Escribe más a menudo que yo, tú que puedes, y
recibe un abrazo de tu amigo
JOSÉ MARÍA.
Ahora, a cuenta del mensaje de Zaragoza a la
Universidad de Salamanca, enviándola mi diploma, ha surgido un lío tan grande
entre Unamuno y el Claustro, que yo no sé en qué acabará esto.
Al librero que pague 100 ejemplares de «Castellanas» al
hacer el pedido, se le hace un descuento del 30 por 100 de su valor. Al que los
vende en comisión se le abona 15 por 100.
Si alguien los quiere en tales condiciones, me lo avisas,
para dar yo la orden de que se los envíen.
__________________________________________________________________________________________
Guijo de Granadilla 1º de Febrero de 1902
Querido Mariano: Celebro que hayas llegado con
felicidad a la corte.
Yo no te entiendo. Hace tiempo perdí el hilo de tu
ovillo, y realmente, Mariano, no sé hacia dónde va rodando tal ovillo.
Eso es un lío de cálculos, proyectos, optimismos,
estudios, carreras y oposiciones, y cuerpos, y cosas, que a mí no me van
cabiendo ya en la cabeza. Últimamente quedamos en que hasta Mayo; ahora (que ya
es más últimamente), resulta que tal vez hasta Octubre...
Y yo, entre esta y otras cosas, no sé ya ni a qué
atenerme, ni por dónde apearme, si por el rabo o... por las orejas.
Lo creo: te gustará mucho esa vida, aunque yo no sé
qué vida es, pero lo creo. ¿Qué voy a hacerlo, sino creerlo?
A mí también me fue muy bien en Madrid, porque en
Madrid hay para todos los gustos, y para todas las fortunas, y para todas las
tendencias.
Yo no sé si podremos vernos por ahí algún día. Creo que
no, porque si yo tengo grandes deseos de ver por ahora a la gran ciudad, ni los
pocos asuntos que tengo y tendré en ella me obligarán a visitarla, porque podré
resolverlos sin moverme de mi puesto. Tengo ahí algunos amigos, y de ellos me
valdré para dar solución a mis pequeños negocios. Los que ahora traigo entre
manos no puedes tú resolverlos y por esta razón no acudo a ti en demanda de
servicio alguno.
Para las cosas literarias de que me hablas en la
tuya, me estoy carteando frecuentemente con Villegas (Zeda), que precisamente me
acaba de escribir con motivo de los encomiásticos artículos de crítica que
publicaron días pasados El Imparcial y El Universo sobre la composición que
envié a los Juegos Florales de Salamanca.
Ahora mismo acabo de contestar la carta que me escribió el
crítico de El Universo, a quien no conozco más que como escritor público,
enviándome unos números del referido diario.
Del libro te hablaré otro día, que hoy estoy
cansado de escribir cartas.
No te olvides, hombre, de tu amigo
JOSÉ MARÍA
__________________________________________________________________________________________
Guijo de Granadilla 19 de Octubre de 1902.
Querido Mariano: Al vuelo, porque me es imposible hoy
otra cosa te digo que recibí tu carta y quedo enterado de todo.
Dime quiénes son los jueces del Tribunal cuando los
conozcas y veré de recomendarte a quien conozca que pueda hacer algo por ti. Y
dime cómo se llaman los destinos a que aspiras para poder hacer correctamente
la recomendación. No será fácil el que a las primeras oposiciones obtengas
plaza, porque lo más frecuente es tener que repetir; pero no por eso te
desanimes, porque el que se sienta en el camino o retrocede no llega al fin del
viaje jamás.
Estudia mucho y déjate de insanas preocupaciones que
no sirven para otra cosa que para quebrantar la salud y robar tiempo y energías
muy necesarias para otras empresas útiles.
Ya sabrás que me han dado la flor natural en los
Juegos Florales que van a celebrarse en Zaragoza. Además, según veo en la
lista de los demás trabajos premiados resulta que me han premiado también
otras tres poesías que mandé además de la que ha obtenido el premio de honor.
Acabo de contestar un telegrama del alcalde de Zaragoza, delegando en él la
facultad de nombrar reina de la fiesta, porque yo no voy a Zaragoza aunque me
den para un burro(*). Acabo de pasar ocho días en Salamanca y vengo fastidiado.
Para descanso empieza a caer una nube de cartas y tarjetas que me tienen
reventado.
No puedo ¡imposible! hacerte hoy una copia de las
poesías. Sólo a Baldomero le he podido dar copia de una.
Trabaja y no te olvides de tu amigo y maestro
JOSÉ MARÍA
____________________________
(*) La poesía
premiada se titulaba «Amor»; fue, al fin, a recoger el premio a Zaragoza, que
le agasajó como saben hacerlo los aragoneses.
__________________________________________________________________________________________
Mi buen amigo: Llegué bien a ésta tu casa, y para que lo
sepas, aunque ya te lo dijese en una postal, te escribo estas líneas a toda
velocidad.
Mi prolongada ausencia de aquí ha sido causa de un
retraso general en mis tareas, y no quiero darme punto de reposo hasta que logre
poner mis cosas al día.
Aún estoy, y estaré no sé cuánto tiempo, bajo la
acción de las impresiones en Cáceres recibidas.
Y a medida que las horas van pasando y yo recogiendo
ideas que traje dispersas por falta de reposo para reunirlas y ordenarlas, voy
comprendiendo que Cáceres se excedió conmigo en sus obsequios, y que yo tal
vez estuve débil al admitirlos tan grandes y desusados sin hacer más protestas
de las que hice en los comienzos de las cosas.
Total, que se ha metido en la cabeza que me huele a
vanidad, y el perfume de esta señora de mal vivir es de los que me producen
terribles náuseas.
Hay una cosa que por lo halagüeña que es para mí
me hace olvidar de todo algunos ratos, y es que en Cáceres tengo yo buenos
amigos. Pero en seguida me pregunto: ¿y me los he ganado lícitamente o es que
he violentado las cosas hasta el punto de abusar de la cortesía de todos y
ahora me hago la ilusión de que me los he ganado?
Te estoy ya oyendo decir que me deje de
preocupaciones que no tienen base sólida, etc., etc., pero es lo cierto que aún
estoy desconfiando de mi conducta en Cáceres.
Di a todos esos buenos amigos, a medida que vayas
teniendo ocasión de ello, que la deuda de agradecimiento que me han hecho
contraer es muy grande, pero que también lo es el sentimiento de gratitud que
cabe en mi corazón para todos.
Bien sabes que te quiere tu amigo
JOSÉ MARÍA
Subir
==================================================================================
|