|
Todas las poesías aquí recogidas
están sin editar.
A una de tantas
Brindis
Cacería
Dios
te salve Maria
El
destino de las flores
El
matón
Lección
Divina
Plegaria
Pasó
el dolor
Réquiem-pace
Retrato
Romance
Soneto
a un sabio
Al
Doctor Bejarano
Invitación
Los
dos miopes
Mensaje
Adiós
A
una de tantas
Pero
oiga usted, señorita,
Marquesa
de la Patraña,
Condesa
de la Ganguita,
Princesa
de la Castaña.
¿adónde
va usted a parar
con
ese lujo asombroso
que
me diera que pensar
si
yo fuera malicioso?
Conozco
perfectamente
las
rentas de su papá,
y
sé qué, próximamente,
las
que yo disfrutará.
La
fórmula de mi renta
es
cero (¡Y soy muy sincero!);
la
de usted se representa
con
ésta: cero más cero.
Tiene
usted fincas muy buenas
en
ambas Andalucias;
se
las conozco a docenas,
porque
lindan con las mías.
Pro-indiviso
disfrutamos
los
dos, por partes iguales,
las
calles por donde andamos,
los
caminos vecinales;
el
mar en toda su anchura;
la
luz que nos manda Dios;
y
esa atmósfera tan pura
que
respiramos los dos.
Con
las abundantes rentas
de
las fincas en
cuestión,
salgo
yo siempre en
mis cuentas
como
el Gallo de Morón:
Y
usted,
tan sólo en vestir,
despliega
un rumbo y un lujo,
que
dan ganas de decir
¡viva
el lujo y quien lo trujo!
Y
no es eso lo peor:
lo
malo es que al pobre chico
que
ose aspirar a su amor
le
exige a usted que sea rico.
Si
el chico con su honradez,
sabe
dos reales ganar,
sabe
mucho más que. .
. a
usted
se
le debe figurar.
¿A
que en cosas de costura
y
en asuntos de cocina
está
usted a igual altura
que
yo en
Gramática China?
Pues
hija, con esas rentas,
y
esas manos y esos fueros..
puede
usted entrar en cuentas
con
príncipes extranjeros!
Porque
aspirar a su mano
no
pueden hombres cual yo
que
para garbanzos gano,
pero
para guantes, no.
¿Espera
usted confiada
a
un marqués para casarse?
Pues
espere
usted sentada,
porque
de pie va a cansarse.
Yo
mismo,
pobre
aldeano
de
lejana
tierra
ignota,
no
solicito su mano
porque...
la tiene usted rota.
—
EL CHARRO
NOTA.
— Correspondiendo a insistentes ruegos de
algunos lectores de EL CRISTU BENDITU publica una pagina
inédita que Gabriel y Galán firma
con el seudónimo de El Charro. Es composición escrita, entre otras
muchas, en los días
juveniles del admirado cantor. Y si no tiene la perfección de las que
compuso en época de
madurez. Ya hay en ella rica
vena poética y claros avisos del
genio que se avecina.
Atendiendo a
indicaciones de los mismos lectores, hemos elegido una poesía
que encuadra en lo satírico-festivo, géneros que con tanto éxito
cultivó el poeta y en los que no esta suficientemente conocido.
volver al inicio
BRINDIS
No
es cosa fácil brindar
después
de mucho comer,
ni
conviene mucho hablar
después
de tanto beber;
porque
es una cosa el vino
que
de tal modo marea,
que
no hay ningún desatino
que
hijo del vino sea.
Entorpece
y amodorra
y
el que en abusar se empeña,
habla
como una cotorra,
y
piensa como una moleña.
Piensa
que la tabernera,
el
jarro y el mostrador,
el
compadre y la espetera,
le
bailan alrededor.
Cuenta
dos o tres badiles
donde
sólo hay un badil
y
ve lucir dos candiles,
donde
sólo hay un candil.
Lengua
remojada en vino
no
dice “jarra del agua”,
sino
que perdiendo el tino
dice:
la “jarra de guagua”
Cabeza
un poco caliente,
Piensa
que del sol abajo,
No
hay un hombre más valiente
Que
el que ella tiene debajo.
Por
eso es bueno a mi ver,
este
consejo adoptar:
“si
se ha de beber, no hablar;
si
se ha de hablar, no beber”.
Yo
voy a hablar porque creo
que
no hablaré en tartamudo;
ni
yo barrunto el mareo,
ni
tengo en la lengua un nudo.
Porque
al vino en dosis grande le digo,
al
beberlo, así:
“No quiero que tú me mandes;
Quiero mandarte yo a ti.
Con
tu agradable gustillo
Quieres
hacerme traición;
Sé
que eres un caciquillo,
que
aspiras a ser burlón.
Al
estómago bajando
te
vas el humilde haciendo;
pero
al irte calentando,
vas
subiendo, vas subiendo.
Y
cuando estás en la altura
Donde
un tonto te subió
Dices
con mucha frescura:
“Aquí, el que manda soy yo”.
Al estómago bajando
te vas el humilde haciendo
pero al irte calentando
vas subiendo, vas subiendo.
Y
cuando estás en la altura
donde
un tonto te subió
dices
con mucha frescura
“aquí
quien manda soy yo”.
Apagas
la luz aquella
que
la mollera ilumina,
y
el pobre tonto se estrella
contra
la primera esquina.
Basta pues de
introducción;
que hay mucho
que agradecer
y no quiere el
corazón
más tiempo en
vano perder.
JOSÉ MARIA
GABRIEL Y GALÁN
volver
al inicio
Cacería
(El
portillo de los diablos)
Tres
valientes caballeros.
cazadores
afamados.
a
otros cuatro cazadores
galantemente
invitaron.
para
una gran cacería.
que
ellos habían proyectado.
Al
momento se reunieron.
los
siguientes invitados.
Acacio
el que tanto caza.
el
valiente Estanislao.
el
gran Severiano Sánchez.
el
diestro don Anastasio.
el
bravo Joaquín Iglesias.
y
otro señor que me callo.
a
fin de tomar acuerdos.
en
sesión se congregaron.
y
así dijo don Matías.
señores
está indicado.
que
sea general y jefe.
el
señor Estanislao.
porque
supongo señores.
que
conoce palmo a palmo.
el
terreno en que a las fieras.
a
buscar en breve vamos.
no,
no, contestaron todos.
el
general indicado.
para
esta clase de caza.
debe
ser don Anastasio.
y
por tanto general.
queda
este señor nombrado.
bien,
contestó don Matías.
pues
todos pronto a caballo.
que
las fieras en el coto.
deben
estar esperando.
a
las diez de la mañana.
que
en verdad no es muy temprano.
al
portillo del gitano.
y
llegaba la turba ufana.
al
ver tanto cazadores.
con
intenciones guerreras.
debieron
temblar las fieras.
de
aquellos alrededores.
y
un espanto sin igual.
debieron
también sentir.
si
es que llegaron a huir.
la
voz de aquel general.
pues,
tal miedo le tenían.
que
las fieras más cerriles.
temblaban
en sus cubiles.
si
a don Anastasio oían.
por
el general aquel.
es
tan bravo cazador.
que
la muerte y el temor.
van
siempre dónde va él.
con
razón tiene él a gala.
decir
siempre sin sonrojo.
que
donde pone los ojos.
sabe
poner una bala.
por
eso si empieza a hablar.
de
la caza y sus percances.
se
está un mes contando lances.
y
no acaba de contar.
que
empresas ha cometido.
y
en que peligros ha estado.
por
que lances ha pasado.
que
cosas le han ocurrido.
su
destreza y su coraje.
desde
el venado inocente.
hasta
el jabalí salvaje.
hay
gente exagerada.
que
asegura muy de veras.
que
hasta conocen las fieras.
el
rumor de sus pisadas.
y
hay también quien asegura.
formalmente
convencido.
que
si un ciervo está subido.
de
algún peñasco en la altura.
para
que abajo se arroje.
y
ciego se precipite.
basta
con que se le grite.
Don
Anastasio te coge!
y
pasan tan grande miedo.
que
en el cerro de Calamas.
se
les figuran las camas.
de
don Anastasio dedos.
jabalí
que de acostado.
y
al tirarle no le hiere
de
miedo luego se muere.
al
saber quién lo ha tirado.
y
hasta hay jabalí instruido.
que
soñándose en su cama.
a
don Anastasio llama.
por
su nombre y apellido.
cuanto
animal volador.
y
cuánto salvaje ser..
habrá
rodado a los pies .
de
tan diestro cazador.
si
el país le autorizara.
y
un fusil máuser le dieran.
ni
aquí ni en España entera.
dos
fieras bravas dejara.
tiene
mucha sangre fría.
y
es tirador consumado.
a
quien jamás ha engañado.
su
certera puntería.
es
muy justa su arrogancia.
pues
corta un pelo sutil.
de
un balazo de fusil.
a
mil metros de distancia.
si
a los rifeños matara.
como
mata jabalíes..
para
dos mil marroquínes.
Don
Anastasio bastara .
por
eso se merecía.
tan
valiente tirador.
ser
el montero mayor.
de
aquella gran cacería.
-Tres-.
La
gente se fue a sus puestos.
con
el debido sigilo.
y
los diestros tiradores.
prudentemente
escondidos.
esperaron
preparados.
la
venida de algún bicho.
para
ganar honra y fama.
de
tiradores diestrísimos.
todo
se quedó en silencio.
todo
se quedó tranquilo.
y
solamente de lejos.
llegaba
a los oídos.
el
rumor de la resaca.
y
los latidos y gritos.
de
perros y jaleadores
en
cien ecos confundidos.
y
así pasaron las horas
y
el lugar de entrar el bicho.
les
entró a los cazadores.
un
excelente apetito.
por
lo cual don Anastasio.
que
era el que mandaba dijo.
!a
comer en este llano.
todos
juntos ahora mismo!
!arriba
arriba a lo alto!
dijo
enseguida Dionisio.
y
el general algo hosco.
le
replicó a su sobrino.
tu
por llevar la contraria.
dirás
cualquiera cosa chico.
y
cómo vas a caballo.
lo
demás te importa un pito.
la
comida fue animada.
y
se bebió de lo lindo.
tanto
que don Anastasio.
después
de cuatro traguillos.
les
quiso contar un lance.
que
de contar era digno.
que
allá en las canterías.
hace
poco había ocurrido.
pero
uno de los presentes.
dijo
al momento al oírlo..
cuidado
mi general.
no
le suceda lo mismo.
que
al de los versos que dicen.
Severo
severianillo..
déjese
usted de escopetas.
y
dedíquese al martillo.
y
enseguida don Matías concluyó
cuidado
amigo.
no
hable mucho por si acaso.
le
sucediera lo mismo.
pero
el general en jefe.
contestó
casi ofendido.
o
soy un gran majadero.
tosco
torpon y borrico.
o
si el dicho a mí me sale.
los
sesos le parto al bicho.
compadre
a su puesto pronto
que
yo también voy al mío.
al
puesto de mis recuerdos.
al
puesto de mi cariño.
al
puesto en que tantas veces.
hice
prodigiosos tiros.
al
puesto en que hice mi fama.
de
tirador peritisimo.
y
al colocarse en el puesto.
murmuraba
muy bajito.
si
hoy me sucede un fracaso.
pierdo
mi crédito hoy mismo.
de
modo que es necesario .
gran
labor corazón mío.
calma
en el pulso, buen ojo.
apuntar
bien al codillo.
llenarse
el ojo de carne.
y
no errar un solo tiro
si
no consigo hacer esto.
!Jesús!
me desacredito.
Parte
cuatro.
Reinó
el silencio un momento
solamente
lo turbaba.
con
ecos sonoro y lento.
el
plácido son del viento.
que
con las hojas jugaba.
de
algún insecto perdido.
que
como un átomo flotó.
se
percibía un zumbido.
que
regalaba el oído.
con
un perezoso notó.
el
arma se adormecía.
con
tan plácido sosiego.
y
todo arder parecía.
bajo
las alas de fuego.
de
aquel espléndido día.
lejos
pronto resonaron.
rumores
que se apagaron.
como
el fuego de un deseo.
y
al fin al aire rasgaron.
los
estruendos del ojeo
sobre
las lomas vecinas.
se
esparcían y quebraban.
las
mil notas argentinas.
de
las vibrantes bocinas.
que
a las fieras despertaban.
y
cruzó el cielo cercano.
un
rumor inmenso y llano.
como
el rugido de un volcán.
y
dijo una voz de trueno.
Jabalíes!
allá van.
redoblaron
las cornetas.
con
ecos aturdidores.
y
en ansiedades inquietas.
prepararon
escopetas.
los
valientes tiradores.
con
savia loca y bravía.
latieron
todos los perros.
la
espantosa algarabía.
cundió
por llanos y cerros.
y
el jabalí no salía.
de
pronto entre las matas.
Don
Anastasio oyó ruido.
y
nervioso y prevenido.
se
incorporó con presteza.
y
aplicó más el oído.
Don
Matías que su lado.
prudentemente
callado.
lo
estaba todo observando.
le
dijo con gran cuidado.
!uñas
que vienen andando!
Don
Anastasio anhelante.
se
hizo todo ojos y oídos.
y
en un brevísimo instante.
tres
jabalíes reunidos.
se
le pusieron delante.
quiso
el más gordo primero.
tirar,
después el más flaco.
y
tras el disparo fiero.
soltó
el general un taco.
tras
del taco tan certero.
soltó
el disparo segundo.
y
fue también tan certero.
que
dio, donde dio el primero.
no
a la carne, sino al mundo.
soltó
otro taco redondo.
puro
y neto mundo llano.
pero
tan mondo y lirondo.
que
más redondo respondo.
que
no hay otro en castellano.
lo
habré pegado? decía.
el
jabalí !lleva algo!
y
dijo uno que lo veía.
si,
más salud que tenía.
y
cuatro pies como un galgo..
la
plancha ha sido completa.
recuerda
usted hoy chancleta?
que
un día me dijo, Severo.
cuelga,
cuelga, tu escopeta.
en
un rincón del humero.
ahora
me toca vengar.
aquel
ultraje altanero.
y
le debo aconsejar.
que
la suya debe echar.
al
desván, o al cernidero..
Don
Anastasio afligido.
pensando
en el caso.
que
le había sucedido.
no
pudo salir del paso.
en
que se hallaba metido.
y
sin querer contestar.
exclamó
echando venablos.
!desde
hoy mismo este lugar.
por
todos se ha de llamar.
el
portillo de los diablos!.
Parte
5.
Y
luego siguió diciendo.
con
ira reconcentrada.
si
hubieran hecho el resaco.
con
un poco más de calma.
ni
sufro yo este disgusto.
ni
a mí me sucede nada.
ni
quedan mis tiros bajos.
más
de cuatro o cinco varas.
y
Juan Triguero enseguida.
le
replicó con cachaza.
se
queja usted del resaco?.
pues
y que ná se gritaba!!.
allá
van los jabalíes!!.
allá
van!!, pero usted, nada.
y
ahora a los resacadores.
nos
quiere endosar la carga.
siguieron
las discusiones.
|