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® Localidad de referencia: Guijo de Granadilla
® Modalidad: bicicleta, a pie y a caballo
® Distancia total: 27 Km.
® Tiempo empleado: 7 horas
® Dificultad: Media –alta (por la distancia recorrida)
® Época recomendada: Primavera, otoño, invierno.
® Cartografía: Hojas 575-III y 598- I escala 1:25.000 Del
Instituto Geográfico Nacional

Es ésta una ruta circular que tiene su origen en Guijo de
Granadilla, llega a la ciudad romana de Cáparra siguiendo un tramo de la Vía de
la Plata y vuelve al punto de partida por otro camino.
De la calle de la Reverencia, que cruza la carretera que
circunvala al pueblo, arranca el Camino de Plasencia, que se halla pavimentado
de cemento en sus primeros 800 m. Hay olivos a ambos lados, y el terreno es
llano. Enseguida llegamos a un cruce y nos vamos por la izquierda. En el
siguiente tramo ignoraremos los muchos caminos que, en un ángulo de 90 grados,
salen del principal y se adentran en los olivares. Llevamos 3,5 km. cuando
llegamos a la bifurcación en forma de Y. Elegimos el ramal de la derecha.
Hasta aquí el itinerario ha sido bastante claro, pero ahora
se suceden las bifurcaciones: a los 700 m, cruce a la derecha. 200 m. más y
nuevo cruce: abandonamos el camino bien marcado y descendente y nos vamos hacia
la izquierda, por otro bastante peor y cuesta arriba. Otros 250 m. y otro cruce,
esta vez a la derecha. Descendemos por un camino en bastante mal estado durante
150 m., y junto a una casa nos desviamos a la derecha por un camino que pasa
casi desapercibido. Vienen ahora unos 200 m. por completo intransitables para la
bicicleta: si estamos haciendo la ruta en esta modalidad, tendremos que llevarla
durante este tramo de la mano. El camino baja y sale a carretera
Santibáñez-Oliva de Plasencia, de relativo tráfico. Torcemos a la izquierda.
Aquí cruzamos el puente sobre el río Alagón, muy crecido
debido a que sus aguas son retenidas por el contraembalse de Valdeobispo. Una
vez en la otra orilla, donde ya predomina plenamente el encinar, ascendemos por
la carretera unos 700 m., hasta encontrar un camino que sube a nuestra derecha.
Aquí debemos escoger según la modalidad: senderistas y jinetes irán por el
camino; a las bicis no les queda otra que hacer unos 3 km. de carretera, hasta
el caserío de Ventaquemada, donde se gira a la izquierda por la amplia cañada.
Si no nos gusta el asfalto, podemos ir por el arcén de grava de casi un metro
que bordea la carretera (desaconsejo vivamente a los ciclistas la opción del
camino: yo intenté ir por él cuando trazaba la ruta, y me tocó más tiempo
empujar la bici que ir montado encima).
Explico ahora la opción hípico-senderista. Estábamos
saliendo de la carretera por un camino a la derecha y ascendente. Vamos entre
paredes de piedra. A los 600 m. y en un cruce giramos 90 grados a la izquierda.
Otros 500 m. más y un nuevo giro a la izquierda. Nos hallamos en un camino bien
pavimentado, que seguimos durante otros 700 m. hasta girar ahora a la derecha.
El firme empeora progresivamente, y atravesamos zonas que probablemente se
encharquen en la época de lluvias. Estamos, además, en la parte más laberíntica
del recorrido.
Vienen tres giros a la derecha: el primero a 750 m, el
segundo 250 m. más allá, y el tercero a otros 300 m. Después de un tramo
realmente malo, el camino empieza a mejorar. Tras un leve descenso salimos a una
anchurosa vía pecuaria: es la Cañada Soriana Occidental. Aquí giramos a la
izquierda.
Por la cañada discurre un camino rural asfaltado, pero hay
espacio suficiente fuera de él si queremos ir por tierra. Al cabo de casi 2 km.
estamos de nuevo en la carretera Santibáñez-Oliva de Plasencia a la altura de
Ventaquemada.
Cruzamos. A partir de aquí jinetes, ciclistas y senderistas
continuarán juntos.
En contraste con los estrechos caminos por los que hemos
circulado hasta ahora, aquí la cañada se abre en toda su plenitud, 70-80 metros
en algunos sitios. Si a ello unimos que se haya salpicada de frondosas encinas y
que a la Soriana Occidental se le une en este tramos la Vía de la Plata,
comprenderemos que estamos ante los seis kilómetros más atractivos del
itinerario.
En este tramo veremos pintadas con cierta frecuencia
flechas amarillas en los árboles y el suelo. Es la señalización del Camino de
Santiago del Sur, que parte de la lejana Sevilla y que va hasta la ciudad
compostelana bien por Astorga o bien por Orense. Inmenso recorrido del que
nosotros, por esta vez, sólo degustaremos una pequeñísima parte. Hasta hace poco
se trataba de un trazado casi testimonial, pero en los últimos años está
adquiriendo un auge considerable, por lo que no nos sorprenderá si encontramos a
algunos de los dos mil peregrinos que anualmente pasan por estas tierras. A
nosotros las flechas amarillas nos servirán hasta que lleguemos a Cáparra.
Aunque en principio podemos circular libremente por la
cañada, recomiendo el camino de la derecha, que va pegado a la pared de piedra:
en la zona izquierda se acumula humedad, como indican las altas hierbas, y si
vamos por ahí no será raro que nos veamos empantanados.
Llevamos 5,5 km. desde Ventaquemada cuando nos encontramos
con una bifurcación: la Vía de la Plata y la Soriana Occidental se separan. La
flecha amarilla nos envía hacia la derecha, y la seguimos. Si venimos andando o
a caballo recordemos la vía de la izquierda: es por donde habrá que ir si
queremos evitar 1 km. de carretera.
Atención 250 m. más adelante: abandonamos el camino bien
trazado y pavimentado que traíamos y nos decantamos por otro a la izquierda, en
bastantes peores condiciones pero indicado por flecha amarilla. Desde aquí,
entre la vegetación, ya podemos divisar el Arco de Cáparra.
No sé qué es lo que aquí llama más la atención, si la
pervivencia a través de los siglos del arco o la completa desaparición del
enclave romano: ahora las excavaciones están sacando a la luz los edificios y
las murallas, pero hace tan sólo diez años uno venía y contemplaba atónito este
arco de cuatro pies -único en la Península Ibérica-, solo en la mitad del campo,
y se preguntaba dónde demonios estaba el resto de la ciudad.
La Vía de la Plata pasaba -y pasa- por debajo del arco y
coincide en este tramo con el decumanus de la ciudad. Si queremos, podemos damos
una vuelta por las excavaciones: hay colocados unos paneles con imágenes e
información que nos permiten hacernos una idea más precisa de cómo eran los
edificios y su función.
Si queremos visitar el centro de interpretación (ver
horarios en la ficha de Valle del Ambroz), iremos hacia la derecha, por el
camino de grava que sale bajo el arco -es el antiguo cardo- y que cruza las
excavaciones. Allí hay bancos, un amplio soportal y, si está abierto el centro,
también máquinas expendedoras de bebida y lavabos.
Después reanudaremos la ruta volviendo al arco. Aquí
senderistas y jinetes pueden desandar 800 m. de camino para luego torcer por la
Soriana Occidental.
De lo contrario, junto con los ciclistas bajarán hacia la
derecha, buscando la carretera, donde girarán a la izquierda. En todo caso,
ambas vías se encontrarán junto al puente romano que cruza el río Ambroz
-conocido en este tramo como río Cáparra-. Este puente se halla muy restaurado,
debido a que por él pasó gran parte de la maquinaria pesada que vino a construir
el embalse de Gabriel y Galán. Nada más cruzar el río, tomamos un camino que
sale a la izquierda. Al principio viene una ligera ascensión. Luego llaneamos.
Llevamos 2 km. por él cuando nos encontramos una cancela que se puede abrir.
Después cruzamos otra, pero ésta con paso canadiense. Algunos tramos del camino
se hallan encementados -atención ciclistas, pues no son continuos- Ignoramos
caminos que aparecen a derecha e izquierda hasta que iniciamos un fuerte
descenso hacia el río Alagón. Lo primero que veremos será un pequeño salto
hidroeléctrico: es el contraembalse del Guijo. Ahora el camino llanea,
remontando el río, hasta salir a la carretera Guijo-Zarza de Granadilla. Vamos
hacia la izquierda, cruzando el puente. Desde aquí podemos observar una extraña
estructura que sobresale del agua: se trata del Ponton, que salvaron del embalse
y colocaron sobre una base de hormigón. Lástima que al hacerla se confundieran
en un pequeño detalle: los ojos del puente señalan hacia las orillas, como si el
río, en vez de fluir de Norte a Sur, lo fuera a hacer ahora de Este a Oeste.
Una vez al otro lado del puente de verdad, de nuevo se
separan los itinerarios:
Las bicicletas seguirán por la carretera, que asciende
durante 1 km. Luego viene una ligera bajada y enseguida entraremos en Guijo. Por
lo que respecta a senderistas y jinetes, tomarán el camino que sale a la derecha
de la carretera, que es llano durante un buen trecho y bordea el embalse. Luego
se estrecha, comienza a ascender y entenderemos por qué no pueden venir por aquí
las bicicletas. Hay un tramo un tanto dificultoso, pero creo que los caballos
descabalgados lo podrán subir sin problema. Tras pasar dicho tramo, en una
bifurcación nos iremos por la izquierda, y lo mismo haremos al llegar a un
camino principal. Enseguida veremos la torre de la iglesia del pueblo, que nos
sirve de referencia en los pasos finales de nuestra ruta.
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