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Segundo premio 2007

 
 

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       NO HAY POETAS

 

Estimado José María:

Allá, en tu querido pueblo,

donde se cantan las coplas

hilvanadas con tus versos,

 

los hombres que te recuerdan,

y que son muchos, por cierto,

han querido hacerte honor

convocándonos al premio

 

que lleva tu propio nombre,

al que gustoso presento

este mi humilde poema

tejido desde muy lejos.

 

No sé cómo comenzar.

Me siento grande y pequeño:

Pequeño ante tu grandeza,

grande por ser extremeño.

 

Aprendí a leer poesía

empapándome tus versos

a la sombra de la encina

o al socaire de los vientos.

 

Mi fuente de inspiración

brotó entre olivos y tesos,

cultivándose más tarde

sobre pupitres añejos  

 

y librotes amarillos

de poetas sempiternos,

o en oscuras bibliotecas

recargadas de silencio.  

 

Traté con hombres de letras

sobre tu estilo y tu ingenio.

Convencí a quien te ignoraba

para que leyera tus textos.

 

Al erudito de turno

que discrepaba con ellos

alegando escaso rigor

en las medidas del verso,

 

le dije: mire en el fondo,

que llorará con su acento.

Verá al pueblo reflejado

con sus gozos, sufrimientos,

 

sus miserias y grandezas,

permanentes devaneos.

¿ Qué importa sílaba más,

qué importa sílaba menos?

 

Pero ignoraba el "versado"

que con el paso del tiempo

se medirían las obras

con tus aquellos raseros.

 

Encontré por media España

hombres que sí te leyeron

y grabaron tus estrofas

a fuego en sus pensamientos.

 

y al hablarles de mi tierra,

de mi gente y de mi pueblo ...

-¡Hombre!, Gabriel y Galán

cantó los mundos aquellos.

 

-¿Dijo Gabriel y Galán?

-El gran poeta extremeño,

aquel del Cristu Benditu,

del Embargu, Cara al cielu ...

 

-¡Caray!, qué alegría me da.

Me siento de orgullo lleno

al ver que hasta aquí llegaron

los versos de aquel maestro.

 

y adquirí grandes amigos

en literarios momentos

releyendo tus poemas,

saboreando tu acento.

 

y sé de grandes poetas,

siglo veinte, primer tercio,

que bebieron de tu fuente

influenciados por tu genio.

 

Pero tengo que decirte:

¡No hay poetas como aquellos!,

ni yuntas, ni labradores,

ni pastores por los cerros

 

que destilen armonía

con qué nutrir los anhelos

de aquel que amando los campos,

 quiera fundirse con ellos.

 

La gran ciudad ha absorbido

a pastores y labriegos.

Dicen que viven mejor,

mas, yo sé, que eso no es cierto.

 

Lo sufro en mis propias carnes

entre moles de cemento.

Añoro la paz del campo,

la lluvia, la brisa, el viento,

 

el estallido del hacha

cuando su lengua a lo lejos

hiere el tronco del olivo

o la rama del almendro.

 

Los tiempos han cambiado.

¡No hay poetas como aquellos!,

ni rima que diga mucho,

ni medida en ningún verso.

 

También la tierra que un día pisaste

por estos yermos

cambió su faz de repente,

o se la tragó el averno.

 

Alagón, que discurría

por graníticos roquedos,

vio perderse su corriente

en dos pantanos inmensos.

 

El puente aquel que cantaste,

entre peñascos horrendos,  

en el que Pablo e Higinio

contra el zorro arremetieron,

 

en el centro del embalse

cual fantasma descontento,

yergue su triste figura

de quijote macilento.

 

No lleva a ninguna parte

ni acorta ningún trayecto,

reconstruyéronlo allí

tan sólo para el recuerdo.

 

Los hombres de Granadilla

se marcharon, ha ya tiempo,

obligados por las aguas

del pantano, en retroceso.

 

Encaramado en un istmo

yace arruinado aquel pueblo.

¡Qué pena da divisar

sus casas en esqueleto!

 

En campos abandonados

crece maleza sin freno,

y en las ciudades no importa

dónde nace el alimento.

 

Sin bucólicas estampas,

imposible parir versos.

¡Por eso no puede haber

ya poetas como aquellos!

 

Me dicen que la poesía

va por otros derroteros.

Que vaya por dónde quiera,

sigo fiel a mis ancestros:

 

De Manrique a Garcilaso.

Desde Góngora a Quevedo.

y con los del veintisiete,

por García Larca me quedo.

 

Pero el que lea mis estrofas

y ponga atención al verso,

de entre todos los poetas

sabrá quién fue mi maestro.

 

No quisiera despedilmi

sin recordalti de nuevu:

¡No hay labriegus en los campus

ni poetas comu aquellus!

  

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