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Historias y poesías
que Tío León contaba y recitaba a D. José Maria Gabriel y Galán desde el
balcón de la Casa-Museo en sus aniversarios.
Yo
le pido, a todo el que lea mi memoria y parte de mi historia y mis poesías, que
me sepan perdonar porque yo he sido toda mi vida y soy un obrero eventual, que
desde muy pequeño, con el sudor de mi frente, tuve que empezar a ganar el pan y
en el colegio muy poquito pude estar
León
García Jiménez
AUTOBIOGRAFÍA
Señores,
mi historia y mi memoria, os voy a contar, para que ustedes vean las fatigas que
en este mundo he tenido que pasar.
Nací
en el año mil novecientos treinta y uno, en una familia pobre, nada más teníamos
la noche y el día.
Mi padre se llamaba Atanasio y mi madre Patricia, fuimos ocho hermanos. Yo nací
en el año mil novecientos treinta y uno, la guerra estalló en el año mil
novecientos treinta y tres, pasamos mucha hambre, calamidades y fatigas.
Me
crié como esos niños que veo ahora de los grandes lagos o como los de Etiopía
y Colombia. Estos que veo ahora por la televisión me recuerdan mi niñez.
Pasamos doce o catorce años muy malos, y con cinco años ya me echaba mis
refranes:
“Qué
ganas tengo mulata,
que
se ponga el pan barato,
a
ver si esta barriguita
puede
pasar buenos ratos”.
Y
otro que decía así:
“No
hay quien me pegue un tirito
que
me parta el corazón,
con
las balas de chorizo
y
los tacos de jamón”.
Cuando
cumplí ocho años, empecé a guardar cerdos. La manada del pueblo, con otro
hermano, él de cinco años y yo de nueve, todo el día corriendo detrás de un
cerdo por una peseta al mes. ¡Cuántas zurras me llevé.., porque algunos los
perdía, otros se me escapaban...! Cuando las lechonas parían ¡A darle la teta
a sus guarrapinos!
Luego las mujeres del pueblo le decían a mi madre que nos las dejábamos
escapar y por las noches cuando llegábamos a casa... ¡la zurra que te crió!
Todas me las llevaba yo, porque era el mayor.
Estuve
cuatro años echándome carreras detrás de ellos, cuando llovía ya en
primavera que eran los días tan largos, me quitaba la poquita ropa que tenía y
me quedaba corato, la ropa la metía en una caseta, para que no se me mojase; y
cuando dejaba de llover, si se me escapaban y se iban para casa, reñían las
mujeres y mi madre... ¡zurra que te crió!
Así
se fue haciendo mi cuerpo duro como el acero. Y de ocho años me daba cuenta de
todas las necesidades de nuestra casa, cuántas veces fui a la tesa a contar el
pan que quedaba, y que no comíamos. La fanega de trigo y entre todos
trabajando, no habíamos ganado para otra fanega de trigo a treinta y seis panes
de kilo y nos costaba la fanega quinientas pesetas, esto era en e! año mil novecientos
treinta y seis hasta el cuarenta y cinco, y casi no se encontraba trigo, se
ganaba muy poquito mi padre el pobrecito de criado trabajando noche y día, ganaba
diez reales, pasamos unos años muy malos de mucha hambre. Cuántos cardillos
tengo cogidos y cuántas serrajas me tengo comidas como los conejitos, cuánto
me acuerdo de la miseria y el hambre que pasé.
Y
así fueron pasando los años desde los nueve hasta los doce, guardando cerdos
desde los doce a los catorce un amo me cogía y otro me soltaba, sacándome
bien las correas de mi cuerpo.
De
catorce años entré de pinche en el pantano de don José María Gabriel y Galán
al que yo le saco ahora mis poesías. Estuve de pinche tres años con una
brigada de catorce hombres y un capataz para lo que me mandaran.
Mi misión era ir a la fragua a aguzarles las barrenas a los barreneros e ir a
por carburo para atizar los candiles, para que viéramos en los túneles, hacer
las cartuchas, ir a por la dinamita al polvorín... esa era mi misión al
servicio de ellos.
Todos me querían mucho porque yo siempre estaba dispuesto a hacer todo lo que
me mandaban, trabajábamos de relevo, unas veces entrábamos a trabajar a las
seis de la mañana y salíamos a las dos de la tarde, y otras veces entrábamos
a las dos de la tarde y salíamos a las diez de la noche, cuando íbamos de
relevo, nos ateníamos que levantar a las tres de la mañana, me hacía unas
migas, unas sopinas recocidas y a llamar a los compañeros.
Ni mi madre, ni mi padre, nunca me tuvieron que llamar para
ir al trabajo, yo me echaba con ese cuidado.
¡Cuánto
frío pasé a la orilla de ese río!, con un cachino de pan metido en un morral
y un cachino de mono azul que llevaba puesto en mi cuerpo, pasaba las noches de
diciembre y enero con un frío que me calaba hasta los huesos, cómo Dios me ha
dado tanta fuerza para aguantar tantos trabajos y tantas calamidades, desde niño
fui muy responsable de mi trabajo, era muy economista, muy conservador y
bastante trabajador.
Ya
cumplí diecisiete años y salí de pinche y entré de peón menor, y a los
dieciocho años entre de peón, así fueron pasando los años, llegue a irme al
servicio militar, mi ilusión era haberme quedado allí, pero Dios no lo
quiso, así que ansia me dio venirme a mi casa pero sabía muy poquito y no tuve
tampoco a nadie que me impusiera. A los tres meses de estar en la mili, salí de
cabo a festivo, yo sabía poquito pero me apreciaban mis
jefes
porque cumplía muy bien mis obligaciones, yo era un buen militar. El venirme
para mi casa fue que estos trabajos de por aquí ya me los sabía todos, pero si
yo hubiera seguido en la vida
militar yo creo que hubiera llegado a ser un buen jefe,
si
yo me volviera de veinte años ahora ese sería mi destino, Militar.
Según
ustedes van viendo, los niños de mi generación, la mayoría nos criábamos sin
pan y a palos y hemos sido los que hemos levantado España de aquella guerra que
la dejó arruinada y llena de miseria y aquí estamos todavía, muchos duros
como las piedras, no como nuestros hijos, que salen más blandos que manteca,
los criamos a base de chocolate y tulipán, pero no aguantan el frío, ni
hambre, ni el trabajo; todo se les hace mucho.
Para
nosotros no había reyes magos, ni mimos, ni besos, había que trabajar y sacar
a España hacia delante, entonces no era como hoy, nadie daba nada, hoy pones el
sombrero y te lo llenan de billetes, pero ya veremos esto algún día cuando
cambiemos a la pobreza y si no ya lo verán, porque hoy nada más se protege a
las personas que vienen a este mundo a comer del sudor del prójimo y eso no es
así porque a ningún ser humano nos pide el cuerpo trabajar. Nada más
pide placeres divinos de la vida y por ese camino vamos a la miseria, así
que quien quiera vivir en una casa, tiene que hacerla con el sudor de su frente
y así sabrá que cuesta hacerla.
Cuando
cumplí el servicio militar, me vine a casa de mis padres a trabajar en lo que
salía: en pantanos, en canales, en la agricultura... mi profesión siempre ha
sido obrero eventual. Todos los trabajos del campo los sé hacer y los de la
construcción también, de albañil, de encofrador. De cualquier lado que ha
venido el aire me he defendido en la vida.
Así
fueron pasando los años, también fui un carrilano en busca de trabajo a
Francia y por la parte del norte, pero mi destino era mi pueblo, porque la cabra
buena se ve donde nace y no donde pace. Así que paraba poco en los trabajos
lejos de mi tierra.
Ya
la edad se me iba echando encima y del buscarme novia y casarme; y así lo hice,
busqué a una chica que se llama Maximina Alba, estuve dos años hablando con
ella, a los dos años de tener relaciones nos casamos, yo tenía 31 años y ella
24. Me casé el 11 de septiembre de 1962 por la iglesia como Dios manda, mis
padres cuando me casé me dieron dos segurejas, dos tijeras de pelar ovejas, un
cubertón, unas alforjas y 300 pesetas, lo que pudieron los pobrecitos así que
a buscarme la vida, hice tres días de boda, comiendo y bebiendo los invitados
y la familia.
De la boda me quedaron libres de gasto 50 pesetas, así que la luna de miel la
pasamos trabajando como ustedes comprenderán de día y de noche.
Lo primero que hice de casado, fue hacer una casita en un cacho de corral que
nos tocó de la parte de mi mujer. A los dos años de casado tuvimos el primer
hijo, le pusimos el nombre de Juan Manuel.
Yo siempre trabajando la casa, casi me la hice yo solo. Entre el día trabajaba
en el pantano de Valdeobispo y por las noches hasta las dos de la mañana en mi
casa. Y así he seguido toda mi vida trabajando, economizando, conservando y
administrando.
Y
así han ido pasando los años, en el 68 tuvimos otro hijo, le pusimos el nombre
de Antonio, más duro tuve que trabajar todavía, ¡Cuántos kilómetros de
piedra tengo machacada en esa carretera, a porrillo! ¡Cuántas encinas tengo
cortadas a segurón en esos montes!
Esos
son trabajos, si que eran duros, ir y venir catorce kilómetros con el segurón
al hombro y luego estar todo el día subido encima de las encinas cortando,
esos son trabajos y fatigas y no las que se pasan hoy en día.
Cuando Antonio nació compré esta suerte, aquí en la Cañá, aquí trabajamos
duro todavía, aquí tengo dejado parte de mis riñones.
Aquí si que he trabajado más duro todavía, lo primero que hice, cerré la
suerte, luego en ella hice un pozo yo solo de 5 metros de hondo, a pico, puntero
y marra, luego hice un cachino de tinao; esto fue en el setenta y ocho. Yo ya
pensaba que por aquí algún día se harían casas y así ha sido, fui el
fundador de este barrio de la Cañá, empecé a construir con muy poquito dinero
pero sí con mucho trabajo.
En el año 1977 tuvimos otro hijo al que le pusimos de nombre José María; más
duro tuve que trabajar todavía;
Decidí comprarme una ratona, cuando no tenía trabajo, me liaba a recoger arena
y graba, a sacar escombro de particulares. Y me fui preparando algo para poder
hacer mejor las cosas.
Yo hacía los bloques de graba y cemento, yo sólo me hacía las casas, los
hijos algo me ayudaron pero yo era el que tenía que ir siempre tirando del
carro, si no el carro no andaba.
Llegué
a juntar en la cañá muelos de arena hasta de mil metros cúbicos, toda
recogida a mano y traída con la ratona, trabajé mucho con ella, pero le gané
mucho dinero, la llevo 21 años y todavía la conservo, la quiero como a un
hijo. Me ha ayudado a hacer cinco casas y cinco cocheras, todos los materiales
acarreados por ella, y cuánto he tenido que trabajar para poder hacer lo
poquito que tengo, me tiraba hasta cinco y seis meses sin parar ningún día,
cuando tenía trabajo en compañías, los sábados y los días de fiesta me
liaba a recoger arena, graba y piedras, y a hacer algo para mí. No he
desperdiciado en la vida ni un solo minuto, entre el día trabajando y por las
noches pensando a ver como podía hacer las casas con poco dinero, porque no lo
tenía. Tenía que ir haciendo las cosas según iba ahorrando, y lo iba
empleando, ya cuando los hijos fueron mayores, me compré un tractor y estuve
dos años recogiendo la basura del pueblo.
En
mi vida he hecho caso de todo, también compré algunas tierras, las he puesto
yo, por mis propias manos, de olivos, higueras, manzanos, perales, ciruelos,
parras; en fin, de toda clase de plantones.
Compré también algunas partidas de olivos que le gustan mucho a mi mujer, y
que ahora es de donde sacamos alguna perrilla porque mi pensión es muy chica.
Me da mucha alegría cuando me dice la mujer:
¡León,
he ido esta tarde a darle una vuelta a los olivos de la Fuente de la Oliva, están
muy buenos de aceitunas!
A
mí me da mucha alegría cuando ella me dice eso, porque la veo una mujer con
muchas ilusiones en la vida. Le digo algunas veces: ¡Mujer, parece que tienes
ahora treinta años para tener tanta ilusión en la vida, tan poquita que yo voy
teniendo!
Y ella me dice: ¡No sé por qué tienes tú tan poca! Y yo le digo: No ves qué
manera tienen ya de administrarse en la vida, todo lo que trabajemos es perdido,
porque ahora nada más se protege a la persona que viene a este mundo a comer
del sudor del prójimo. Pero ella es muy trabajadora, los olivos la tienen loca.
También hice un pozo en la Fuente de la Oliva de seis metros de hondo por
cuatro de ancho, al medio metro, medio pizarra y así lo hice, a puntero, pico y
marra, en cuarenta y siete días de trabajo, trabajaba dieciséis horas todos
los días, diez dentro, en el pozo y seis para retirar los escombros. ¡Cuántas
veces digo yo para mi... como mi cuerpo habrá podido aguantar tantos esfuerzos
y trabajos parece que Dios me ayudaba, me daba fuerzas y energía para vencer
todo lo que se me ponía por delante, decía yo entonces, ni las balas que
vengan atraviesan mi pecho, pero ya me voy viendo cansado, pero aún sigo
luchando con la vida, porque pienso que es mi deber. He tenido que estar muy
malo para que yo no hiciera algo para mí todos los días aunque fuera
poquito, pero ha llegado el día que veo algo hecho. Tuve en mi casa toda clase
de animales, menos caballos, los supe cuidar muy bien. Ya nada más tengo dos
burritos, unas gallinas, una perrita y un gatito que se llama Michelín, que me
quiere mucho, es para verlo; qué conocimiento tienen los animales, cómo saben
quien los trata bien o mal.
Soy
un hombre que el vicio que tengo es el de trabajar, el día que yo no hago algo
parece que me amarga el pan, que como le oigo decir a los jóvenes que no hay
trabajo, que no tienen futuro, lo que no quieren la mayoría es trabajar, y
mandar ellos más que los amos.
En la vida habrá futuro para el hombre trabajador y honrado y que sepa sus
obligaciones y pensar que al amo que nos da trabajo hay que dejarle dos pesetas
todos los días para que pueda seguir dándonos trabajo, porque tengo proyectos
en la cabeza que no los termino en esta vida, y veremos a ver en la otra.
Qué
poco miramos los españoles por nuestra propia madre patria, algún día nos
echaremos las manos al cogote y no nos alcanzarán. Y gracias que estamos en la
Comunidad Europea pero yo pienso que no vamos a estar toda la vida.
También
os quiero contar mi vida de casado.
Me
casé con una chica que se llama Maximina Alba Batuecas, también de
familia pobre, pasó también de niña muchos trabajos y fatigas, se quedó sin
padre a los dieciséis años de edad, me casé con ella cuando tenía
veinticuatro años de edad, hemos tenido tres hijos, los tres varones, la vida
de casados la hemos llevado bastante bien, si alguna vez he discutido con
ella, fue por culpa de los hijos o de su madre.
Pero
los que estamos juntos, somos los que discutimos nada más, que en esta vida hay
que ser razonables y hay que aguantar mucho para poder vivir juntos. Porque
que una persona sea pobre no es deshonra ninguna, la persona tiene que ser
trabajadora, saber bien administrar y no dejarse llevar de vicios malos.
Hemos
emparejado bastante bien, ella es muy trabajadora y conservadora, y yo también,
ha hecho un hogar como Dios manda, hemos hecho a lo largo de nuestra vida un
poquito en beneficio de nosotros y también en beneficio de nuestra patria. Yo
de niño fui un poco travieso y muy luchador con los demás niños, a pesar de
mis pocas chichas y pequeño que soy de altura, pero me defendía muy bien con
ellos, me dieron muchas zurras, pero yo también las di.
A las personas mayores, siempre las respeté porque entonces había más respeto
que hay ahora, si hacía uno alguna cosa mala, se lo decían a los padres y nos
daban unas castañas que valían un duro.
A
la escuela también fui muy poquito, de la edad de ocho años para abajo, de
ocho para arriba a ganar el pan con el sudor de mi frente, así que me vagó
hacer pocas facatuas, de mozo fui normal siempre tuve en cuenta que el agua que
no iba a beber, dejarla correr.
Hice varias barbaridades en bodas y en fiestas grandes, esas no las puedo
contar, decía chistes picantes y poesías verdes que yo me sé.
También
de mozo cuando había capea en los pueblos de por aquí, me gustaba salir a
torear chotillas, soy muy aficionado a los toros y a los carnavales, cuando
salía por ahí con los quintos y me calentaba algo, me liaba a decirles
chistes, poesías y brindis como este:
¡Vino
tinto! Hijo de la pura rama,
tú
me curas, tú me sanas,
tú
me quitas toda mi galbana,
carrera
de galgo, paso de liebre,
¡bebe
León que te pongas alegre!
Vivíamos en una casita heredada por la parte de mi madre,
pero estaba muy mala, el tejado se estaba hundiendo y no tenía dinero para
arreglarlo.
Cuántas
veces estaba yo en la cocina, que estaba en teja vana y miraba para arriba y decía
yo para mí: Alguna noche se derriba y nos mata aquí a todos. Yo tenía ocho años,
ya me daba cuenta de todas esas cosas y muchas más, ya poquito a poco fui
ahorrando algo y pudimos ponerle un tejado nuevo. Cuando nos juntábamos todos
en la cocina, no cogíamos todos en ella, yo como era tan chiquitino me metía
en un rincón que hacía el chupón, pensando que yo cuando fuera mayor, haría
una casita y alguna cosa más y así se han cumplido mis sueños con mis
esfuerzos, sacrificios y la ayuda de Dios, que aunque tenga sesenta y seis años,
todavía no he visto a ese Hombre, pero pienso que algo tiene que haber en la
vida porque a mí parece que me dice ese Hombre: Tu sigue por el camino que
llevas que es muy duro pero es firme y verdadero, y eso hago hasta que Él
me
lleve a su vera.
Y
ya me despido de contaros mi historia y mi memoria, y os pido, a todo el que la
lea, que me sepa perdonar, porque yo he sido toda mi vida y soy un obrero eventual,
que desde muy chiquitino, con el sudor de mi frente me tuve que ganar el pan.
Y
nada más mucha paciencia es esta vida y a sufrir y aguantar todo lo que Dios
nos quiera mandar.
León
García Jiménez.
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Sabios pensamientos de Tío León
Quiero
deciros que las personas somos igual que las plantas que salen en la tierra,
esas plantas malas
si no se conquistan se apoderan de todas las buenas.
Os voy a poner un ejemplo: la Zarza es como el Concel, en poco tiempo se apodera
de todo lo bueno que haya a su alrededor luego tenemos otras que no son tan
malas como el Galapero, la Gatuna, el Peruétano, la Escoba, la Retama, éstas
ya no son tan malas pero si no se conquistan se apoderan de todo lo bueno.
Así pasa ahora con las personas, se está protegiendo a toda la malicia, a
seres que nada más viven del engaño, de la mentira, del robo y haciendo muchos
crímenes. Todo esto si no se conquista nos llevará a la guerra y a la miseria
si no el tiempo será nuestro testigo, perdonarme pero esto es así la persona
es para estar debajo de una mano dura, por lo menos muchas.
Galán, tú nos cuentas en tu historia como lucharon los españoles en la guerra
de la Independencia y cuando los españoles echaron a los moros de España que
lucharon cuerpo a cuerpo y a cuchillo, y a navaja. Bien, hoy no llegaremos a
eso, porque con sólo apretar un botón nos asfixiarán a todos pero quiero
decir que: del año 2000 al 2025 parte del mundo será destruido no habrá quien
pueda detener la avalancha de seres humanos que vivimos aquí en la Tierra.
Si todo el dinero que se gastan en hacer pruebas para subir a otro Planeta, que
se creen que van a traer oro, se lo gastarán en controlar la natalidad de todo
el mundo más beneficio harían para la humanidad, nos evitaríamos varias
guerras no habría hambre en el mundo ni miseria.
Hemos vivido unos años bastante bien, a partir de los años 50 que ya habíamos
levantado a España de aquella guerra que tú nos anunciabas en aquella poesía
que dice Sólo para mi lugar.
También quiero deciros que las poesías que yo le saco a Don José María
ni son chistes, ni son cuentos, ni son mentiras que son hechos reales.
Os voy a contar algunos de los ejemplos que Don José María le dio a los
poderosos de entonces, de Guijo de Granadilla. Cuando Don José María vivía,
los poderosos nada más querían que los pobres tuvieran: una cabra, una cerda y
un burrito, y que les guardaran las fincas abiertas, D. José María
mandó convocar una junta general me los reunió a todos en el ayuntamiento
abajo, dónde está ahora el bar sindical, me puso a todos los poderosos con su
palabra de hombre y de poeta que no atinaban ni a salir por la puerta.
Y al final les dijo:
“Tomad veinte reales, ir a por unas manejas de cuerda
que los vamos a ahorcar aquí a todos en la plaza”.
“Aquí
cada uno tenga lo que quiera o pueda, el que queráis que os guarden vuestras
fincas las cerráis y si no las metéis a pastadero...”.
Por esas cosas y otras así era por lo que no podían ver al poeta los riquillos
de Guijo de Granadilla. Así que en cuanto pudieron, lo mandaron para la otra
banda quiero dejar claro que en mis poesías
no hay mentira.
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SUEÑO
CON NUESTRO POETA
Me
preguntan algunas personas:
—León,
¿cuándo le sacas tú las poesías a Don José María?
Y
yo les digo:
Os lo
voy a contar...
Yo se las saco cuando voy y vengo de trabajar porque a mis sesenta y seis
años no he tenido tiempo todavía para sentado comerme un cachino de pan. Se
las saco cuando estoy arando con mis burritos, o cuando estoy segando, o cuando
estoy viciando mis olivitos o los estoy limpiando.
O cuando cojo la paleta y me
pongo a lucir o a tabicar.
Entonces
digo:
¡Qué
listo era Don José María Gabriel y Galán! que nada más veía a una persona
hablar, ya sabía de dónde solía cojear.
Y hay veces que se me presenta la mujer y me dice:
¡Oye León!
Que si por aquí, que si por allá... y cómo yo estoy hablando con Don José
María, no le puedo contestar y ya repite mi nombre, un poquito enfadada me
escuchas o no me escuchas sí, sí mujer te escucho de más pero anda márchate
y déjame en paz, que ahora estoy hablando con Don José María Gabriel y Galán
y ella me dice: ¡No sé para que tú te quieres escalabrar la cabeza si tú no
vas a ganar nada!
Pero
yo le contesto:
¡Mujer, Don José María el pobrecito tampoco ganaba nada y mira que
poesías más bonitas solía sacar.
Pero ella me dice:
¡Él era muy rico, no le hacía falta nada! Las mujeres como son tan
interesadas, que nada más quieren que ganar y ganar pero yo le digo:
¡Bueno déjame en paz! Y se marcha y no me vuelve a molestar.
Y entonces
lo que disfruto yo hablando con Don José María. Parece que me quita los
dolores de mi cuerpo y el malestar yo le cuento que qué poquito en sus poesías
se suele equivocar; como esa que dice:
‘A
mi nada más me gusta
que
darle gusto al cuerpo
jincarme
buenos fritis
con
bolas y pimiento
y
echarme buenas siestas
embajo
de los fresnos”.
Pues
bien D. José María, son los que hoy suelen apreciar y de esa que dice:
¡Ve
Genaro! Si te dejo
no
llegas nunca a animarte
y
te mueres de viejo
con
las ganas de casarte.
¡Ay! Don José María si hoy levantarás la cabeza y vinieras para aca.
Hoy si que tenemos los padres Genaros y Genaras en casa que no se quieren casar
y los que se casan al año o a los dos años se suelen separar, y luego los
hijos que tienen el gobierno o los abuelos los tienen que criar así que un
mundo que a la pobreza y a la ruina irá porque ya no se hace un buen hogar. ¡Para
que España pueda prosperar.!
Nada más queremos que todo nos lo solucione el gobierno y nosotros nada más ir
a cobrar ¡Y por ese camino de culo vamos a dar!
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LA
MATANZA EN MI CASA
También
os quiero contar cómo eran las matanzas que en mi casa solía todos los años
celebrar.
En 36 años de casado que llevo, tan sólo uno me he quedado sin matar el
segundo año de casado que hice la primera casa, me quedé sin un céntimo.
Aquel año la mujer y yo la chicha que comimos nada más fue tocino que era lo más
barato.
Las matanzas en mi casa eran alegres y divertidas nos juntábamos todos los
hermanos, de la parte de mi mujer y de la mía, era como una boda.
Yo era el que me los divertía a todos con mis chistes y mis refranes, como este
que os voy a contar:
“De
las jóvenes, Señores,
os
vengo a contar:
Hay
algunas que no saben,
a
casa y vaya un perro que nos dan,
van
muy pintadas a los bailes
y
con la carita lavada
y
sin embargo la camisa
la
llevan más negra que el alquitrán.
Y después que se casan
todo
el día se les va
en
hablar de unas y otras
que
a ellas nos les sirve para nada.
Y
después que llega el marido,
el
pobrecito harto de trabajar
se
encuentra la cena cruda
y
la casa por habiar
y
empiezan las discusiones
y
empiezan a tirarse con los platos
y
preparan un follón en casa...
¡Que
no para chiquillo, ni perro, ni gato!”.
A
los sobrinos y a mis hermanos, les hice reír mucho.
¡Cuánto me acuerdo de aquellas matanzas! Por las noches salía yo con ellos y
tocando el tamboril que todavía lo conservo.
También os voy a contar otro refrán, dice así:
“El
que quiera buscar novia, señores,
que
vaya a Granada
que
de allí la traje yo
tuerta,
manca y escalabrada.
De
estatura regular,
de
nariz un poco chata
y
le da la enfermedad
cada
día de la semana:
El
lunes: tiene moquillo,
el
martes: dolor de muelas,
el
miércoles: el garrotillo,
el
jueves: la viruela,
el
viernes sarampión,
el
sábado: las tercianas
y
el domingo calentura
se
le salen las almorranas”i
Mis
sobrinos se reían mucho conmigo cuando eran chicos, ahora que cuando me
cabreaban... me quitaba la correa y no paraba ninguno en casa eso lo hacía
pocas veces.
¡Cómo eran aquellos años deI 60 y del 70, alegres y divertidos!
Estuvimos juntándonos por lo menos 15 ó 16 años. En las matanzas ya nada más
me junto con un hermano de la mujer y no es porque me lleve mal con mis
hermanos, me llevo bien con todos. Vamos y vienen a asar un cacho de carne el día
que matamos y nada más. Yo voy teniendo menos ganas de chistes y de jarana, no
sé si es ya la vejez o es que he perdido a esos seres queridos con quien
compartía mis ilusiones.
Ya mis
matanzas son más tristes, se me va acabando el bueno humor que yo tenía por
eso yo quiero dejar algo
escrito de mi memoria y de mi historia. En esta vida que ya se me ha ido
pasando.
Y ya han visto ustedes como eran las matanzas en mi casa que celebramos todos
los años.
Ya me dedico a administrar lo poquito que he hecho en esta vida y a
sacarle algunas poesías a don José María a nuestro poeta que yo pienso que
fue uno de los mejores talentos que pasaron por Guijo de Granadilla.
Me sé varias poesías suyas, como el vaquerillo, el embargo, el baño,
el desafío... soy un admirador suyo y de su poesías y más de este poeta que
vivió en Guijo de Granadilla. Algunos te querían mucho pero otros te odiaban
porque tú por los pobres mirabas. ¡Ay Don José María! El odio y la envidia
no hay quien la pueda quitar y de la manera que nos están liando, cada vez habrá
más y si no el tiempo nos lo dirá.
En mi cartera tu imagen siempre llevo y nunca en esta vida te podré olvidar
porque tú fuiste el poeta que a los Guijarreños estas poesías tan bonitas le
supiste sacar.
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LA
COSECHA
También
quiero contaros cómo eran las cosechas aquí en nuestro pueblo por los años 50
y 60. Entonces todo lo segábamos a mano, con una hoz empezábamos... a últimos
de Mayo con la cebada, la primera se solía segar a continuación la avena,
luego el centeno y por último el trigo.
Entre San Juan y San Pedro, con aquellas fuertes calores, el trigo empezábamos
a segar, la chicharra cantando, nuestra frente sudando, el amo mirándote y los
tábanos picándote detrás.
Y qué ajinos solía pasar, con una cuadrilla de segadores que no me daba tiempo
ni los sudores poderme quitar. Esto me pasaba cuando y aprendí a segar con
aquellos hombres que de sol a sol con una hoz solían estar. Y su comida era un
gazpachino un cachito de morcilla y nada más.
¡Cuánto me acuerdo de mi padre y de sus compañeros! Porque ellos me enseñaron
a mí a trabajar, a sufrir y a callar. Y qué manos más divinas tenían que
bien solían trabajar que ni una espiga
en los rastrojos se solía quedar. Terminábamos la siega y empezábamos a
acarrear unos con una parejita de burros, que casi no podían ni andar de flacos
que solían estar y qué fatigas y qué trabajos solíamos ellos y yo pasar,
ellos cansaítos de tanto trabajar que buena labor en España los burritos han
solido desempeñar.
Cuando salía el lucero nos solíamos levantar le poníamos la albarda a
las bestias y los carricoches y empezábamos a acarrear.
Por rastrojos, caminos y veredas que no servian para nada. Unos torcían las
correas, otros se caían y uno a sufrir, aguantar y a trabajar.
Qué cosechas tan duras... cuando en el valle de las burras solíamos trillar,
todo a liendro lo teníamos que limpiar cuando se ponía el aire cierzo nos poníamos
a limpiar.
Qué noches tan duras y penosas hemos tenido que pasar, en ese Valle de las
Burras para poder vivir, para ganar un cachito de pan y los trilladores todo el
día montados encima de la trilla esos días del mes de agosto, cuando más
calienta el sol, y la chicharra suele cantar.
Qué pena de ellos me solía dar esos niños de entonces sabían el
trabajito que costaba ganar el pan.
Y no como los de hoy en día que no saben hacer nada, los tenemos en la escuela
hasta los 20 años
y no saben la mayoría de ellos nada.
Así que España algún día estos te harán llorar.
Y aquí termina la historia
de
este cosechero
y
de este obrero eventual
que
por los campos del Guijo
tan
malos ratos tuve que pasar.
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Poesías
de Tío León
La
Cañá
Pobrecito
agricultor
Soldaditos
españoles
Al
cielo te fuiste para siempre
A
D. José Maria Gabriel y Galán
A
Santa Ana bendita
Al
Cristu Benditu
Santa
Ana
Dos
amigos
Por
ti mi vida daría
Profundos
sueños
Bendita
sea Castilla
Alegre
y contento estarás
Bajo
ese cielo
Cuando
llegaste a este pueblo
El
día que yo muera
La
Cañá
¡Adiós
Cañá de mi vida!
Yo
te conocí verde,
limpia
como una pradera,
llegaron
los del centro
te
dedicaron de escombrera,
llegaron
los socialistas
hicieron
casa y casi autopistas,
llega
alianza popular
chapuzas
en la Cañá
empezó
a preparar,
llega
izquierda unida
todo
lo quiere hacer bien hecho
y
a sus obreros cuida y vigila.
¡Ay! España
tú
que fuiste el espejo de otras naciones
y
ahora te ves empeñada y humillada
por
tus malas gobernaciones.
Dicen esos que vienen a este mundo
que
no les gusta trabajar
que
de la vida sacarán panza llena y nada más.
Y
otros dicen que más vale gazpacho descansao
que
jamón galopeao.
Desnudo y llorando vine a este mundo
con
muchas fatigas y trabajos
me
tuvieron que criar.
Yo
siempre fui un negrito
ni
de noche ni de día,
nunca
pude parar
por
eso cuando Dios me lleve al cielo
allí
me premiará y los que aquí quedan
en
la tierra de mi sudor comerán.
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de poesías
POBRECITO
AGRICULTOR
Pobrecito
agricultor,
todos
son a comer de tu sudor,
como
la hormiga,
come
la tortuga
y
también como el ratón,
y
cuando está en grano
todo
se lo derrota el gorrión,
Se
está trillando,
y
llega el amo de las tierras,
y
se lleva otro peñicón,
luego
se presenta hacienda
y
si no pagas,
te
embarga los burritos o el tractor
al
pobrecito labrador
que
es lo que le queda...
los
sudores, las desazones
y
el mar humor.
Adiós
el campo
adiós
que yo me marcho a la capital
a
tener el pantalón planchado
y
a dar vueltas por la ciudad
porque
ahí me conceden
más
derechos,
y
más pronto me he de jubilar.
Pero
antes de que me vaya
quiero
que sepas
la
pena que a mí me da
tenerme
que ir y a ti
tenerte
que abandonar,
porque
tú eres el que nos das
los
mejores frutos
que
nosotros solemos tomar,
pero
me voy y te dejo,
me
voy a la capital,
porque
tú nunca has sido
apreciado
ni lo serás.
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SOLDADITOS
ESPAÑOLES
Soldaditos
españoles,
que
a Bosnia os suelen llevar,
a
mantener el orden y la paz.
Entre Serbios, Musulmanes y los demás.
Que
se tienen un odio,
que
ni cara a cara se pueden mirar
y
los soldaditos españoles
les
decimos:
No
hay cosa mejor que vivir en paz.
Porque cuando Dios
me
lleve al otro mundo
allí
el odio, la envidia y el poder
todo
se acabará.
Vivan los soldaditos españoles
que
fuera de su Patria están
defendiendo
con orgullo y valor
el
orden y la paz.
Siempre tuve confianza en Dios
y
Fe en el trabajo.
A
nadie le tuve envidia
aunque
mal lo he estado pasando
y
yo le pido a los españoles
que
luchen con el trabajo
y
no con la política
que
esa nos llevará
a
la miseria y a la pobreza.
Con
mi corazón lleno de pena
nada
más hago que pensar
que
a este mundo
no
hay quien lo pare
a
la marcha que va
a
no ser que Dios nos mande
uno
del cielo
y
a todos nos mande callar.
Y
a muchos las mande a trabajar
porque
nada más
chupando
la sangre a España están.
No sé que piensan estos españoles
que
ahora suelen mandar.
Nada
más ven la paja en ojo ajeno
no
ven la viga que a nosotros los españoles
se
nos suele atravesar.
Vamos
a mirar por nuestra casa primero
y
luego si nos sobra algo
se
lo podremos regalar.
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AL
CIELO TE FUISTE PARA SIEMPRE
El
día 5 de enero de 1905
en
el pueblo de Guijo de Granadilla
no
sé lo que pasará
que
nada más que veo
corrillos
de mujeres
que
nada más hacen que hablar
y
yo les pregunto:
—¿Es
qué pasa algo?
Y
ellas me suelen contestar:
—‘Es
que ha muerto el poeta
Don
José María Gabriel y Galán”.
Pueblo que tuviste a un Poeta
y
no lo supiste apreciar
es
un pueblo perdido
que
jamás en la vida
se
volverá a encontrar.
Pueblo que tuviste un árbol
que
buen fruto solía dar.
Os
lo dejásteis perder
por
no saberlo cuidar
y
ahora con sus raíces y su imagen
nos
tenemos que conformar.
Yo quiero y adoro
a
aquel que mira por los demás
porque
él mira a enseñarle
que
la vida se sepan administrar
y
nunca en la vida
en
los brazos de otros
Yo
quiero y amo a mi pueblo
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